Foto: Sogorea Te’ Land Trust
Texto: Rocío Moreno
Este episodio de Voces de la tierra es sobre un sitio que parece lejano, pero al derribar las absurdas fronteras que han impuesto los colonizadores de ayer y de hoy sentiremos su historia igual que nuestras historias, que nacen y se sostienen en los pueblos que han caminando la larga noche de los 500 años. Es muy importante que en este momento de crisis civilizatoria, donde la guerra de colonización agudiza sus prácticas de despojo, desprecio y muerte en distintas geografías del planeta, logremos reconocer y leer el mundo desde nuestros propios términos, sin las ideas coloniales con las que siguen sometiendo y controlando. Por eso, en este capítulo se requiere de un primer paso: borrar las fronteras que han divido pueblos, culturas y ecosistemas.
Esta historia de la tierra nace en el actual estado de California, Estados Unidos, y quien habla es el pueblo Lisjan. Son dos compañeras de Sogorea Te’ Land Trust, Victoria y Sharon, quienes la narran. Las dos compañeras hablan sobre el pasado y presente del pueblo Lisjan. Cuentan cómo Corrina Gould, mujer Lisjan, y Johnella LaRose comenzaron un arduo camino por la revitalización de sus pueblos y han fortalecido la solidaridad y el caminar con otras naciones y organizaciones.
Los pueblos confederados de la nación Lisjan (Confederated Villages of Lisjan Nation)
El pueblo Lisjan desde tiempos inmemorables habita el territorio conocido como Huchiun (Bahía Este en la Bahía de San Francisco, California). Su territorio es majestuoso, y ahí nace su cultura, en el hermoso y frío mar del Pacífico. Por eso, cuando hablamos de la nación Lisjan, sabemos que el mar salado, la arena dorada y millones de conchas son parte fundamental de su gente. En tierra, los árboles principales son enormes e imponentes, como el roble costero y las secuoyas, y cientos de plantas y animales nativos que han sostenido a este pueblo.
A lo largo del tiempo, su territorio ha sido robado por distintos colonizadores (que veremos más adelante), y es por eso que actualmente en sus tierras están grandes ciudades y zonas altamente urbanizadas. El territorio Huchiun incluye cinco condados (un condado es el equivalente a los municipios en México) del Área de la Bahía de San Francisco: Alameda, Contra Costa, Solano, Napa y San Joaquín. Ahí también se encuentran las siete tribus que conforma los pueblos confederados de la nación Lisjan: Chochenyo (Ohlone), Karkin (Ohlone), Bay Miwok, Plains Miwok, Delta Yokut y Patwin.
El termino Ohlone es el nombre que dieron los colonizadores a la gente Lisjan, y ahora los nativos de esta región luchan por enseñar cuál es el término correcto para nombrarles. En California, existen innumerables edificios, calles, escuelas y más que llevan el nombre Ohlone para honrar a los nativos americanos, pero este término sólo profundiza la invisibilización de la diversidad y existencia de los pueblos.
“No éramos dueños de la tierra, pertenecíamos a ella”: Corrina Gould
En toda la parte norte de California están los pueblos confederados de la nación Lisjan, y en su memoria colectiva resguardan sus historias. Una de ellas es sobre el largo y continuo proceso de colonización que han sufrido por cientos de años.

Tres genocidios: despojos a los pueblos Lisjan
Los Lisjan reconocen tres momentos de genocidio: las misiones españolas de 1769 a 1823; el cometido por el Estado mexicano desde 1823 hasta 1848; y el perpetrado por Estados Unidos desde 1848 hasta la actualidad. Las siete naciones fueron esclavizadas directamente en la misión San José en Fremont, y misión Dolores en San Francisco, ambas en California.
Genocidio por Misiones españolas (1769-1823)
Cuando llegan los colonizadores españoles en el siglo XVIII, crean las misiones para someter y evangelizar a las poblaciones y tomar sus tierras. Fueron 21 misiones españolas que la orden franciscana estableció en todo California. Comenzaron en San Diego, Los Ángeles, San Luis Obispo y San Francisco. Los Lisjan fueron esclavizados principalmente en la misión de San Francisco y la misión San José en Fremont. Estas misiones, al igual que en México, trajeron guerra, epidemias, despojos, trabajos forzados e inhumanos y la evangelización. Toda esta violenta pócima logró reducir drásticamente el número de la población nativa, por eso, en esa llamada “guerra de conquista”, hablamos más bien de un genocidio, porque se buscó el exterminio total de los pueblos nativos y, con ello, de su cultura, pensamiento, tradiciones y vida espiritual. Al igual que en los distintos lugares colonizados, los sobrevivientes fueron esclavizados.
Es importante señalar que, aunque sabemos cómo funcionaron las misiones españolas en México, en California el proceso fue más agresivo, ya que cargaban con la suma de experiencias que habían logrado en el actual territorio mexicano, y eso hizo que se intensificaran las técnicas genocidas en los nuevos territorios a someter. El hombre encargado de llevar a cabo la colonización en la región Lisjan fue el fraile franciscano Junípero Serra. En 2015 la población nativa realizó varias protestas en California porque la Iglesia católica lo santificó, a pesar de haber sido una figura clave en la colonización, evangelización y exterminio de los indígenas en California.
Genocidio por México (1823-1848)
Los españoles nombraron a esas tierras Alta California. Tras la guerra de Independencia de México frente a España (1810-1821) y tras lograr su autonomía, en 1822 la Alta California formó parte de la nueva nación de México. Con el nuevo país, las condiciones continuaron desfavorables para los pueblos nativos. Los gobernantes mexicanos regalaron-cedieron tierras a sus soldados y en ese periodo aparecieron las rancherías-ranchos y haciendas. El gobernador mexicano de la Alta California fue José Figueroa. Las rancherías y haciendas fueron construidas por la gente nativa, fueron hechas con el dolor y esclavización de los pueblos indios de California. Uno de los personajes recordados es el soldado mexicano Antonio Peralta, quien fue favorecido con la entrega de tierras indígenas. El militar fue el dueño de la hacienda Peralta, que actualmente es el sitio turístico Peralta Hacienda Historical Park y que cuenta con seis acres en la actual ciudad de Oakland, California. Esta hacienda formaba parte del Rancho San Antonio. En general, esta época es recordada por el esclavismo y despojo que padecieron los pueblos nativos.
Genocidio por Estados Unidos (1848-presente)
La lucha actual de la nación Lisjan continúa contra las violencias que se originaron en el pasado. Es impresionante observar con claridad cómo, por cientos de años, los pueblos resisten. Esta tercera etapa genocida que reconocen los Lisjan está abierta y viva, y es frente al imperialismo estadounidense. Su origen es desde 1848, cuando México perdió el 55 por ciento de su territorio frente a Estados Unidos y cedió los actuales estados de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.
Oficialmente, en 1850 California era parte de los Estados Unidos, y en ese mismo año se promulgaron muchas leyes que afectaron al pueblo Lisjan. También en ese periodo se realizaron cacerías de indios, donde se pagaban 5 dólares por la cabeza de un nativo y 25 centavos por un oído nativo. De nuevo, los pueblos originarios se convirtieron en el objetivo a vencer, e incluso durante ese periodo muchos indígenas se vieron acorralados a decir que eran mexicanos para lograr su sobrevivencia. La primera vez que me encontré con las mujeres Lisjan me narraron esta historia y sentí su tristeza, porque ha sido doloroso dejar de nombrarse para sobrevivir.
De esta época también se recuerda la crueldad que trajo consigo la famosa fiebre de oro en California (1848-1855). La historia de California tiene menos de 150 años, y probablemente la fiebre del oro ha sido el momento más devastador. Este periodo consistió en un fenómeno migratorio masivo que buscaba el descubrimiento de pepitas en Sutter’s Mill, California. Este “hallazgo” atrajo alrededor de 300 mil personas y provocó que se transformara drásticamente la economía y el paisaje de la región. Quien inició estas exploraciones fue James Marshall en Coloma, al norte de California, y su hallazgo provocó la llegada masiva de buscadores, principalmente europeos. A los pueblos nativos no sólo se les han robado sus tierras, sino también la riqueza que han extraído del subsuelo. Es muy importante comprender a profundidad que la existencia de ciudades como San Francisco ha sido lograda por la explotación y guerra de exterminio contra los pueblos indígenas. Desde mediados del siglo XIX se profundizó el despojo, genocidio e invisibilización de los nativos. En la actualidad algunos descendientes de los buscadores (de la fiebre de oro) aún dicen con orgullo “mi gente vino sin nada”, pero lo que se les olvida mencionar es que la riqueza que hicieron sus ancestros fue por los territorios, cuerpos y manos indígenas.
Como vemos, en estos tres momentos genocidas hay violencias grabadas en la memoria de la gente Lisjan. Pero en esta historia está también la de la lucha y resistencia del pueblo.
La tierra Lisjan es sagrada (lucha y resistencia)
Los pueblos originarios comprenden a profundidad lo que significa enfrentar un genocidio. Quienes han sobrevivido y resistido a esta larga guerra están golpeados. Por eso muchos ya no cuentan con sus tierras o su lengua o su vestimenta o sus comidas tradicionales o sus ritos y ceremonias, pero los pueblos sólo necesitan un poco de fuerza para volver a levantarse. Y lo consiguen, porque también hay un enorme esfuerzo colectivo que sostiene la lucha por la vida. Los Lisjan se fortalecen en sus prácticas espirituales, porque desde su cosmovisión la tierra es sagrada.
En la memoria colectiva del pueblo Lisjan se conserva el saber de los lugares sagrados en su territorio. Estos sitios, donde enterraban a sus familias, son conocidos como Shellmound, pues son montículos de conchas, pero con la creación de las ciudades comenzó la destrucción de los territorios Lisjan. Ahora en esas tierras se encuentra la Universidad de Berkeley, sobre los restos de la gente indígena. Recientemente, gracias a la presión que la gente Lisjan ha hecho para recuperar los restos de sus ancestros, tanto universidades como gobernantes y la misma ciudad de Oakland han tenido que comenzar a realizar acciones para enmendar los daños a la población Lisjan.
La mayoría de las familias del pueblo sobrevivieron aislándose y ocultando sus identidades. Fueron orilladas a seguir sus tradiciones culturales y prácticas espirituales en secreto, y con todo lograron trasmitir el conocimiento ancestral de generación en generación. Poco a poco la gente Lisjan se levanta y fortalece. Hace más de 35 años, Corrina y Johnella, fundadoras de Sogorea Te’ Land Trust, iniciaron lucha por la protección de los sitios sagrados Lisjan.
Actualmente el estado de California reconoce la existencia del pueblo Lisjan, aunque a nivel federal no tiene reconocimiento. Esto ha facilitado que poco a poco recuperen objetos, restos de sus ancestros y tierras (Land Back).
Las historias de resistencia están ahí, fueron transmitidas y ahora se vuelven a practicar en la vía de los hechos. Un episodio fundamental fue la toma de la Isla de Alcatraz en San Francisco, California, por distintos miembros de pueblos nativos de Estados Unidos en 1969. Cuentan que Corrina y Johnella se inspiraron gracias a lo aprendido en la toma de Alcatraz. Ese momento sirvió para gritar con claridad “¡Aquí seguimos!”.
Caminatas revitalizantes Lisjan
Corrina y Johnella organizaron caminatas hacia los sitios sagrados, los Shellmound.Sin nada de rodeos, salieron a las calles y comenzaron a caminar entre diez y 18 millas, y con eso fue suficiente para que la gente supiera que los Lisjan seguían existiendo. Esta caminata, de manera figurada, aún sigue su marcha…
Sogorea Te’ Land Trust
Después, Corrina y Johnella fundaron Sogorea Te’ Land Trust, una comunidad de mujeres indígenas que han decidido luchar y resistir. Esta organización tiene un fideicomiso con el que puede acceder a tierras, y bajo esta figura legal es que Sogorea Te’ ha recuperado espacios que forman parte del territorio Lisjan. El fideicomiso también tiene otras particularidades. La mayoría de los fideicomisos en Estados Unidos son dirigidos por personas externas a las organizaciones o pueblos, pero este está sólo constituido por mujeres indígenas, si bien de distintas geografías y no sólo del pueblo Lisjan.

Rematriar la tierra
Una de las frases más significativas de Sogorea Te’ Land Trust ha sido “Rematriar la tierra” (Rematriate the Land), que busca rendir honor y justicia a las mujeres y sanar y restaurar el vínculo íntimo que se tiene con la tierra, con la madre tierra.
En Sogorea Te’ y con las tierras y espacios que han recuperado, se ha comenzado el trabajo de restauración de ríos, arroyos, árboles y plantas. Otro de los horizontes de esta comunidad es fortalecer a sus jóvenes y niños en sus culturas, para que crezcan en comunidad y junto a sus historias. Igualmente se trabaja en la concientización de la gente que habita la región y que comprenda que está habitando tierras robadas a los nativos, que aún tienen infinidad de historias de genocidio, pero también de resistencia.
Recuperaciones de tierra: Land Back
En 2011 se vivió la lucha por la protección de conchas en el Este de la bahía, West Berkeley Shellmound. Ese fue el primer momento en el que la gente no Lisjan comprendió que debía de sumarse a las exigencias de los nativos.
En 2016 tuvo lugar la resistencia de Standing Rock en Dakota del norte, donde la tribu Sioux luchó contra la construcción de un oleoducto. Mucha gente indígena de distintas partes de Estados Unidos acudió con los Sioux en solidaridad y ahí se reforzó la idea del regreso de la tierra (Land Back) a manos indígenas.
Desde entonces, se han tenido recuperaciones de tierras y han sido de distintas maneras, algunas por donación o incluso hasta por compra, para así, poco a poco, volver a mantener vivo el vínculo con el territorio. En todos los espacios recuperados, se inicia con la intervención comunitaria y con la construcción de jardines con las plantas nativas. Se instalan además espacios para realizar sus ceremonias y danzas tradicionales, y los pobladores trabajan en trasmitir y conservar su lengua materna, que es el chochenyo, y todo lo que permita revitalizar la cultura Lisjan. Las mujeres me dicen que lo que más han disfrutado es simplemente observar la tierra y dejar que hable, y así contemplar cómo desde ahí se reproduce la vida.
Cuando conocí a Corrina en 2022, aprendí mucho de ella y de su pueblo. Para mí la tierra lo es todo; desde mi historia, mi pueblo coca de Mezcala, en Jalisco, no podría sobrevivir sin el territorio, pero el pueblo Lisjan me enseña que nuestros pueblos cuentan con otras fuerzas que no tienen nada que ver con poseer un espacio físico. El pueblo Lisjan ha luchado y resistido sin el territorio. Se busca el regreso a la tierra porque así debe de ser, les pertenece, pero también es importante ampliar y conocer las distintas formas y fortalezas que se tienen al interior de nuestras colectividades. La comunidad como herramienta de sobrevivencia.
ComunidadES
Otra de las grandes fuerzas de Sogorea Te’ Land Trust es la diversidad de personas que participan en este espacio, porque, como la evolución misma nos dice, la diversidad garantiza la pervivencia, y ese principio está muy claro en esta comunidad.
Las dos narradoras de esta historia son de distintas geografías. Sharon es maya de Guatemala. Su historia con Sogorea Te’ está totalmente relacionada con la suya. Los padres de Sharon llegaron a los Estados Unidos en 1990 por la guerra en Guatemala (1950-1996). Ellos llegaron a Los Ángeles, donde hay una fuerte comunidad de la diáspora maya. Ahí nació Sharon, pero creció en su cultura maya; además, en casa se siguió hablando la lengua materna y vistiendo la ropa tradicional. Sharon dice que siempre escuchó a sus padres, familiares y amigos hablar de la guerra, y por eso, cuando conoció la historia de los Lisjan, su conexión fue prácticamente natural, pues la lucha e historia es la misma. Sharon ha trabajado por cuatro años en Sogorea Te’ y como mujer maya sabe que su lugar está en la comunidad que han construido las mujeres Lisjan.
La otra compañera que participó es Victoria Montaño (Vick). Su familia paterna es originaria de Cuautla, Morelos, cerca del volcán Popocatépetl. Su familia materna es de la tribu yaqui, de Sonora. Vick es hija de migrantes, llevan ya cuatro generaciones migrando. Victoria nació en Oakland, en tierra Lisjan, y desde que era pequeña su abuelita le decía que era indígena. Probablemente esa es la razón por la que se encontró en Sogorea Te’. En la preparatoria conoció a la hija de Corrina y desde entonces comenzó el bordado fino de restaurar su identidad indígena, y de honrar y caminar junto a la lucha Lisjan.
Un mundo donde quepan muchos mundos
Sogorea Te’ Land Trust ha comenzado la construcción y práctica del mundo donde quepan muchos mundos, y no sólo por la diversidad de pueblos y culturas que las constituye, sino también por su convicción de tejer alianzas con los que ahora habitan estas enormes ciudades que están dentro de tierras Lisjan. Estados Unidos es un país de migrantes, y en un par de calles puedes convivir con personas de distintas partes del mundo. Esa realidad que les habita es donde tienen que levantarse y seguir el paso. En sus tierras y espacios recuperados veo hondear banderas de distintos países y organizaciones, porque se sabe que hay que tejernos para luchar y resistir. Sogorea Te’ Land Trust no sólo se esfuerza en el fortalecimiento de su gente, sino que también carga con la lucha de los pueblos originarios de cualquier geografía. Y ese recibimiento e incorporación que hace de los otros pueblos es una de sus grandes fortalezas.
El llamado de la tierra
El horizonte de lucha está vivo y su pasado se revive en la actualidad, por eso se sabe que es y será larga la resistencia y la recuperación de tierras y de su lengua materna. También se sabe que el trabajo de hoy es para garantizar que se goce en las siguientes y nuevas generaciones.
Los Lisjan no dejan de caminar, y prueba de ello es que el pasado 5 de mayo convocaron a una acción en el sitio recuperado West Berkeley Shellmound para romper el cemento y dejar respirar a la tierra nuevamente. Así también la tierra vuelve a manos Lisjan.

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Rematriate the Land






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Voces de la tierra
Excelente artículo, que nos deja un testimonio claro de lo que ha significado el mal llamado proceso civilisatorio. Que no ha sido otra cosa que un proceso depredador y exterminador de nuestros pueblos originarios milenarios. Situación que sigue en la actualidad. Lacerando las identidades de los pueblos que son los hijos legítimos de las tierras milenarias. Y esta categoría de REMATREAR me parece extraordinaria. Hoy, en el Mexico del Siglo XXI las largas y ponzoñosas manos de esos mismos colonizadores sátrapas que quieren seguir tomando a este país como su abastecedor de recursos naturales y luego de ahí, seguir con Latinoamerica. Siguen siendo los mismos de siempre, quieren acabar con nuestros pueblos pisoteando y desapareciendo la multiculturalidad étnica ancestral adueñandose de todo territorio. Pero, lo más triste y vergonzante, es tener gente nacida en nuestro territorio nacional, que repudia nuestros pueblos indígenas con odio y con desprecio. Siendo capaces de traicionar su patria, para que esos colonizadores de siempre, invadan nuestro territorio para hacer de el un arca de abundancia para su provecho. Quitando del camino todo obstáculo que se los impida.
Que ironía de la vida, verdad? En pleno tercer milenio y todavía seguimos siendo invadidos, depredados y queriendo vernos exterminados.
Las raíces de nuestro pueblos milenarios son las que nos llenan de orgullo y nos dan la fuerza para poner la inteligencia y la fuerza para no seguir permitiendo más atropellos y violencia, de estos gobiernos que se asumen todavía como colonizadores queriéndose adueñar de lo ajeno. Esta supuesta «civilización», ha llevado a el exterminio de muchos pueblos nativos queriendo desaparecer con eso las raíces y la esencia milenaria. NO PODEMOS PERMITIRLO!!