Frankenstein y el ecocidio progresista
Victor Frankenstein no buscaba crear algo horrendo, de hecho, seleccionó piezas que consideraba hermosas, lo que hace que el resultado final sea algo grotesco que trata de parecer humano pero que revela su inhumanidad. Los proyectos de sustentabilidad, la economía circular, la lucha contra el cambio climático y el ambientalismo que promueven gobiernos y empresas en todo el mundo, y en Puebla en particular, parecen también creaciones del Dr. Frankenstein, parecen tener el propósito de proteger el medio ambiente, pero dejan ver entre sus burdas suturas su capitalismo voraz y la mezquindad de sus creadores, que en lugar de generar bienestar, dejan a su paso dolor, enfermedad y destrucción.
Cada vez que escuchamos a funcionarios gubernamentales describir los proyectos que pretenden imponer resuenan las palabras de Victor: “¡Cómo expresar mi emoción ante aquella catástrofe, ni describir al desdichado al que con tan infinitos trabajos y cuidados había intentado formar! Sus miembros eran proporcionados y había seleccionado sus rasgos por su belleza. ¡Belleza! ¡Dios mío!». Resuenan como un eco infinito que se extiende desde que el desarrollo empezó a ser la coartada del capitalismo y del colonialismo, sea neoliberal o progresista, hasta estos días.
El gobierno de Alejandro Armenta presenta un Cablebús que no genera emisiones, que aparenta enfrentar el grave problema de transporte público de la ciudad de Puebla; aparece decretada por Claudia Sheinbaum una mega planta recicladora que hará, con la magia de la tecnología, que la basura deje de existir y se convierta en materias primas, y que además dará empleo y desarrollo a San José Chiapa y a toda la Cuenca Libres-Oriental; presentan eco-parques que serán un oasis verde en el desierto del concreto; nos presentan una creación monstruosa que parece conjuntar las partes más bellas de la sustentabilidad y del progreso, una transformación.
Para quienes desde la estratósfera del privilegio miran los territorios de abajo, de los pueblos, la monstruosidad se ve hermosa, tiene sentido, sus partes parecen tener la forma y proporción correctas, sobre todo porque además generarán riqueza, bueno, dinero que les permitirá mantenerse en la estratósfera de la pirámide que es el mundo. Pero cuando los pueblos miran esos proyectos, ven que hay huecos entre las partes, “San José Chiapa no es basurero”, «¡Queremos información, no imposición!», «¡Armenta, entiende, queremos áreas verdes!» son gritos de resistencia que se niegan a someterse a la voluntad de los monstruos creadores de monstruos. Esos huecos cuando se miran con el conjunto revelan que esa creación no es sólo monstruosa sino letal, inhumana, «la hermosura del sueño se desvanecía y un horror y un asco profundos me embargaban el corazón» dijera Frankenstein.
De pronto el Cablebús acabará con parques, “intervendrá” árboles plantados hace décadas por vecinas y vecinos, desalojará con sus cables, torres y megaobras a animales que sobreviven en medio de la ciudad y se extenderá autoritariamente por el cielo urbano sin haberle preguntado a sus habitantes nada, sin tomarles en cuenta; la mágica planta recicladora resulta que tendrá un incinerador que llenará de toxinas el aire, que saqueará el agua de una cuenca ya sobreexplotada y los camiones de basura invadirán los caminos; resulta que los eco-parques pronto se convertirán en especulación inmobiliaria y centros turísticos que no protegen a la naturaleza, la monetizan.
Resulta que en la ciudad el transporte público seguirá siendo un desastre porque los recursos se “invirtieron” y no queda nada para resolver el problema, además de que el noroeste de la ciudad seguirá padeciendo largos recorridos mientras miran a un sistema de transporte que podría haber sido para ellas y ellos. Resulta que la Cuenca Libres-Oriental se vuelve inhabitable y la migración se hace inevitable. Resulta que donde había cerros y bosques, habrá concreto, habrá espectáculo y especulación.
“¿Qué prefieren, un basurero a cielo abierto o una recicladora?” Decía la presidenta Sheinbaum hace no mucho en un evento público en San José Chiapa. No pregunta si el monstruo debe ser creado, sino qué indumentaria llevará. “A los poblanos no les interesa” decía el jefe de gabinete del gobierno poblano, José Luis Parra sobre presentar los estudios urbanísticos y ambientales a quienes habitan la ciudad. En lugar de explicar a detalle cómo será el engendro que será desatado en la población, deciden que a quienes tendrán que enfrentarlo no les interesan esos detalles.
Como el Dr. Frankenstein, la Dra. Sheinbaum y el Mtro. Armenta imponen al mundo sus creaciones que pretenden ser hermosas, pero al hacerlas desde la vanidad del poder, desde la ocurrencia autoritaria, sin consultar a quienes las padecerán, lo que resulta son monstruosidades, las crean como algo para el “bienestar”, pero cuando ese “bienestar” inhumano empieza a caminar, lleva dolor y muerte.
Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida
Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida tratan de acompañar y tejer caminos entre luchas. Son integrantes del Nodo de Derechos Humanos, del proyecto Etćetera Errante y Adherentes a la Sexta Delcaración de la Selva Lacandona.