Brasil visceral

Raphael Sanz

Elecciones brasileñas: Los sueños no caben en las urnas, pero las pesadillas sí

Todo parece indicar que la ultraderecha será derrotada a nivel federal. A pesar de ello, las urgencias climáticas y sociales quedan muy lejos del espectáculo electoral

Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Créditos: Ricardo Stuckert / Conferencia de Acción Política Conservadora

Hermano, preferí mandarte este audio para que lo escuches con calma. Bueno, aquí estamos pasando por uno de los momentos más difíciles de nuestra vida, ¿no? No sé cómo va a ser de aquí en adelante, cómo va a terminar todo esto, pero está en manos de Dios. Y tú también, sé que estás pasando por un momento muy difícil allá también, con todo este lío, sin saber exactamente cómo va a seguir todo esto. Y aunque nos has dado libertad para exigirte, me da vergüenza seguir exigiéndote. Pero bueno, es porque estamos en un momento muy decisivo de la película y, como hay muchos episodios atrasados, amigo, todos están tensos y me preocupa que el efecto sea contrario a lo que soñamos para la película, ¿no?

Las palabras transcritas anteriormente fueron pronunciadas por Flávio Bolsonaro —senador de la República, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato presidencial para 2026— al banquero Daniel Vorcaro, dueño del Banco Máster e investigado por la Policía Federal brasileña bajo la acusación de encabezar una red de fraudes financieros que podría ascender a unos 2,4 mil millones de dólares.

Enviado a través de un audio de WhatsApp, el mensaje le pedía al banquero 24 millones de dólares para concluir la producción de la película Dark Horse, producida en EE. UU., sobre la biografía de Jair. La película brasileña «Ainda estou aqui», de Walter Salles, que compitió por el Óscar y estuvo a punto de ganarlo, costó tres veces menos que el presupuesto solicitado para finalizar la obra sobre Jair Bolsonaro, la cual, además, está producida por actores y productores de tercer nivel de Hollywood.

El Banco Máster de Daniel Vorcaro ya estaba en la mira de las autoridades brasileñas desde el año pasado, cuando el Banco Central de Brasil (BC) comenzó a cuestionar la sostenibilidad de su modelo de negocios. La desconfianza derivó en el decreto de liquidación extrajudicial de Máster, en noviembre, por infracciones a las normas del sistema financiero. Al mismo tiempo, la Policía Federal avanzaba en sus investigaciones sobre fraudes financieros vinculados al Banco Máster, como la emisión de títulos sin respaldo y la malversación de fondos. Daniel Vorcaro fue detenido el 18 de noviembre en el Aeropuerto de Guarulhos (São Paulo), bajo la acusación de que intentaba huir del país apenas un día después de haber anunciado la venta del Máster a Fictor Holding Financeira. A los pocos días de estar detenido, se revocó su prisión preventiva y quedó en libertad bajo el uso de una tobillera electrónica y el cumplimiento de otras medidas cautelares. Entre los cargos, se señala al banquero como organizador de una especie de ejército privado especializado en investigar la vida, amenazar y agredir a posibles detractores, entre ellos periodistas.

Las conversaciones entre Flávio Bolsonaro y Daniel Vorcaro —que incluyen otras frases pronunciadas por el candidato presidencial como «hermano, estoy y estaré siempre contigo»— fueron reveladas en mayo de este año por The Intercept Brasil. Según el periódico, una referencia local en periodismo de investigación, Vorcaro ya habría donado el equivalente a 10,6 millones de dólares para la producción de la película entre febrero y mayo de 2015. La plata se la enviaron a un fondo en EE. UU. administrado por un aliado de Eduardo Bolsonaro, tercer hijo de Jair y exdiputado federal radicado en aquel país.

Antes de que se revelaran las conversaciones, un reportero del mismo sitio web se acercó a Flávio Bolsonaro en el Congreso Nacional para preguntarle si la película «Dark Horse» había sido financiada por Vorcaro. El senador y candidato presidencial se rió a carcajadas y se burló del periodista al negarlo. Al día siguiente, tras la divulgación del audio, la reacción de la opinión pública fue muy negativa.

Es cierto que un escándalo de estas proporciones, con grandes acaparadores de dinero, involucra a toda la política. También se investiga a figuras vinculadas a otros campos políticos por sus relaciones con Vorcaro, como Jaques Wagner, figura de referencia del PT de Bahía (partido de Lula), y la esposa del ministro Alexandre de Moraes, de la Corte Suprema, que ha condenado Bolsonaro. Sin embargo, el nivel de cercanía entre Flávio y Vorcaro registrado en el audio colocó al clan Bolsonaro en el centro del escándalo, y Flávio ha perdido terreno en las encuestas en los últimos dos meses y medio.

¿Cuarto mandato de Lula?

La conexión del «bolsonarinho» con el escándalo del Máster parece, en este momento, desequilibrar la balanza electoral, que en los últimos años se ha mostrado muy reñida. Y este tipo de equilibrio ha resultado ser un fenómeno global, no solo brasileño, que se presenta en paralelo con el crecimiento de lo que se ha dado en llamar «extrema derecha».

En Brasil, en 2014, Dilma Rousseff venció a Aécio Neves por un estrecho margen, lo que provocó que su oponente no reconociera su victoria y el posterior proceso de destitución que la sacó del poder dos años después para dar paso a su vice, Michel Temer. En 2018, el apogeo de la ola de la «alt-right» en todo el mundo, que se tradujo en el bolsonarismo brasileño, desequilibró esa balanza y Jair Bolsonaro superó a Fernando Haddad (PT) con cierta ventaja, aunque no mucha. En 2022, incluso tras la tragedia de una pandemia convertida en arma de destrucción masiva por Bolsonaro, el candidato de extrema derecha demostró su fuerza en las urnas. Lula ganó con solo 2 millones de votos de diferencia.

Después de eso, los bolsonaristas intentaron el golpe de Estado más estúpido del que se tiene noticia por aquí y el resultado final fue que el propio Jair terminó en la cárcel y su hijo Eduardo huyó a EE. UU. para no acabar preso, donde finge tener influencia en el gobierno de Trump cuando, en realidad, solo conoce a alguna que otra figura de tercer nivel. Además, claro, de varios aliados y simpatizantes también detenidos, investigados y/o procesados.

Una encuesta del instituto Datafolha, uno de los más tradicionales del país, publicada la semana pasada, apunta a una victoria de Lula tanto en la primera como en la segunda vuelta [para ganar en la primera vuelta en Brasil es necesario obtener el 50 % de los votos más 1]. Según la encuesta, Lula obtendría el 40% de los votos en la primera vuelta frente al 32% de Flávio, y ambos pasarían a la segunda vuelta, donde las proyecciones apuntan a una nueva victoria de Lula: 48% contra 43%. Las demás encuestas siguen el estándar.

Es claro que todo puede cambiar en un solo día, pero hasta el momento, a dos semanas de que comiencen oficialmente las campañas electorales, todo este contexto ha inclinado la balanza a favor del presidente Lula, quien busca ser elegido para un cuarto mandato.

Nuestros sueños no caben en las urnas, pero las pesadillas sí

Como todo en Brasil, las elecciones son un verdadero espectáculo que los brasileños se ven obligados a seguir desde lejos, a través de sus celulares y los periódicos. Y al igual que el Carnaval o la Copa del Mundo, también es interesante observarlas para entender un poco nuestro termómetro social. Incluso se puede establecer un paralelismo sobre cómo las elecciones secuestran el propio debate político, llevándolo a un escenario lejano, tal como vimos que la Copa del Mundo secuestró el fútbol.

No hay ningún otro período en Brasil en el que se hable tanto de candidatos, votos, democracia, instituciones, vencer a la «extrema derecha», «combatir el comunismo del Foro de São Paulo» y tantas otras expresiones de fácil comprensión cuando se habla de «identidades políticas». Poco se habla de la situación social y climática de Brasil, que no presenta buenos pronósticos ni a corto, ni a mediano, ni a largo plazo. Pero hay temas que, al igual que el Escándalo del Máster, pueden afectar más a unos que a otros, pero que, a fin de cuentas, alcanzan a toda la política.

El primero de ellos es la relación promiscua con el agronegocio, que comienza con la sobrerrepresentación del sector en todos los niveles de los parlamentos (municipales, estatales y federales) y termina con los planes de subsidios federales (Planes Safra) firmados por el Ejecutivo. Se acerca el Super El Niño a un Brasil que no está preparado para enfrentar el agravamiento de las condiciones climáticas (como nos lo demostró el colapso de Porto Alegre en 2024) y las previsiones menos pesimistas apuntan a pérdidas considerables en la producción agrícola.

Mientras tanto, gran parte de las tierras indígenas, las áreas de conservación y los territorios de las comunidades tradicionales —zonas que, según se ha demostrado, garantizan la preservación y la recuperación ambiental— se ven amenazadas por el proceso de expansión de estas fronteras agrícolas, que se intensificará como respuesta a las pérdidas.

A esto se suman proyectos como el Ferrogrão (un ferrocarril de mil kilómetros que atraviesa áreas preservadas del sur de la Amazonía con el objetivo de transportar la producción del agronegocio al exterior); la extracción de petróleo en la desembocadura del río Amazonas; y la reconstrucción de la BR-319, una carretera que promete llevar el arco de la deforestación (resultante de la expansión de las fronteras agrícolas) hasta Manaos. Y ya no nos quedará bosque en pie.

En las ciudades, podemos suponer que, con el aumento de las temperaturas y los fenómenos extremos, sumado al alza en los precios de los alimentos y a otros problemas estructurales —como los casos endémicos de violencia social y de Estado—, la pesadilla parece estar ya en marcha. Desde arriba, toda supuesta solución parece agravar el problema.

Desde abajo, en las comunidades, hay quienes piensan en soluciones. Pero de eso no se habla por aquí. No forma parte del espectáculo.

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