Foto: Archivo de escuela autónoma Sewa Tomteme y radio Namakasia
Texto: Rocío Moreno
Los yaquis nacieron junto a la tierra, en el desierto, para ser precisos. En ese tiempo los yaquis eran —son— un elemento más de la naturaleza, y ahí se podía dialogar con las plantas, animales y los dioses. Había una sequía y todos sufrían por la falta del agua, por eso decidieron buscar al dios de la lluvia Yuku. Se envío a un sapo Boboc, que con su astucia logró llegar al cielo, y se paró sobre las nubes, ahí logró hablar con el dios Yuku. Los yaquis saben a profundidad que después de ese momento, Yuku creo el río Yaqui, y desde entonces han hecho la vida junto a él. Por eso, el río Yaqui es sagrado.
Después de su creación, los yaquis fueron habitando toda la ribera del río. La tribu yaqui tiene ocho asentamientos tradicionales: Loma de Guamúchil, Loma de Bácum, Tórim, Vicam, Pótam, Ráhum, Huirivis y Belem. Es un pueblo enorme, con alrededor de 32 mil habitantes, a pesar de las tantas guerras de exterminio en su contra. La tribu yaqui sigue en pie de lucha.
En la memoria colectiva de este pueblo vive la larga historia en defensa del territorio. La tribu está en el norte de México, en el estado de Sonora. Hacia el poniente colinda con el arroyo Cocorake. Al oriente colinda con San Carlos, Guaymas. Al norte con la sierra Bacatete y hacia el Sur con el mar de Cortés. En su pasado hay infinidad de historias que dan muestra de las continuas resistencias y el trabajo tan difícil que ha significado conservarse como pueblo, como tribu. Pero los yaquis de ayer y los de hoy siguen sosteniendo este vínculo sagrado con la tierra, pues, como vimos, los yaquis nacieron con ella. Su territorio es hermoso. Los yaquis son desierto dorado, sierras monumentales, mar cristalino, valles bondadosos y río sagrado, pues ahí nació y continúa la vida.
Así podemos comprender por qué la tribu yaqui lucha actualmente por su río y territorio, y aunque por cientos de años han buscado desterrarlos de sus tierras y despojarlos de su historia y cultura, su resistencia está activa hasta el día hoy.
En esta historia de la tierra, habla Mario Luna, miembro de la tribu yaqui. En 2014, siendo secretario del gobierno tradicional de Vicam y vocero de la tribu, fue injustamente detenido por oponerse a la construcción y operación del Acueducto Independencia, que extraería y desvaría el agua del sagrado río Yaqui. Mario fue preso político y le arrebataron 377 días de su vida en el Cereso 2 de la ciudad de Hermosillo. Pero Mario no ha sido el único preso político yaqui en los tiempos recientes. Son varios miembros de la tribu que han sido perseguidos, desterrados, encarcelados, criminalizados e incluso asesinados en el tiempo reciente. La violencia que vemos en la actualidad inició hace más de 500 años.

Resistencia por siglos: la lucha incansable del pueblo yaqui
En 1533 tuvo lugar el primer enfrentamiento con los colonizadores españoles, pero se llevaron una gran sorpresa cuando vieron que la tribu yaqui contaba con una estructura militar bien organizada que dio freno al avance de la colonización en la región. Después de varios intentos y fracasos militares, los españoles optaron por incursionar a través de la conquista espiritual. Hasta 1617 (más de 80 años después), lograron ingresar los misioneros jesuitas y así comenzaron a introducirse en la tribu yaqui. Con su ingreso comenzaron las disputas territoriales y a lo largo de las décadas hubo rebeliones contra los españoles que usurpaban sus tierras.
Los siglos XVI y XVII están marcados por la tenaz resistencia yaqui frente a los europeos, pero al igual que en el resto del territorio conquistado de lo que hoy conocemos como México se instaló el gobierno colonial, que afectó y modificó la vida y territorio de los pueblos originarios.
Exterminio yaqui
En 1821 nacía México como Estado independiente, y lo que era un triunfo para los criollos y mestizos —ciudadanos mexicanos— de esa época, para los pueblos originarios significó el ingreso de una nueva ola de embestidas contra sus territorios y cultura. Particularmente para la tribu yaqui, el nacimiento del Estado mexicano significó el despliegue de diferentes estrategias de exterminio. Mario Luna lo narra con claridad y menciona cómo ya en el periodo del dictador Porfirio Diaz se intensificó el exterminio y la deportación de mujeres, niños y ancianos, quienes, de acuerdo a la antropóloga Raquel Padilla, sumaron alrededor de 10 mil personas deportadas. En 1866, la constitución de Sonora estableció que las tribus quedaban fuera de la ley y de sus tierras, por lo que podían ser explotadas y colonizadas a través del artículo 17, que decía: “Las tribus errantes y la de los ríos Yaqui y Mayo no gozarán de los derechos de los ciudadanos sonorenses, entretanto conserven la organización anómala que tienen en sus rancherías o pueblos”. Así, su exterminio se legalizó.
En el último tercio del siglo XIX se anunció una convocatoria abierta por parte del gobierno mexicano para colonizar las tierras de los Valles del Yaqui y del Mayo. Este momento se conserva en la memoria de la tribu con dolor, pero también con mucho orgullo por saber que su pueblo se levantó en la defensa de sus tierras, su autonomía y cultura. Hubo muchos enfrentamientos entre la tribu yaqui y el ejército mexicano, como la Batalla de Mazocoba en 1900. En estos enfrentamientos el ejercito tomó a mujeres y niños como prisioneros y con ellos comenzaron las deportaciones a Yucatán. Fueron aproximadamente ocho años en los que sufrieron estas deportaciones, y a su llegada eran esclavizados para trabajar en las haciendas del henequén.
Este horrible y vergonzoso hecho está documentado en decenas de libros. Además de la guerra y las deportaciones a Yucatán también se anunciaban recompensas para cazar a yaquis. La primera vez que conocí el territorio yaqui, uno de los mayores nos narraba con profunda tristeza cómo los cazadores debían de entregar los pies, en muestra de que habían asesinado a un yaqui. La forma en que garantizaban que fueran los pies de un yaqui era porque debían de portar los huaraches tradicionales de esta tribu.

Memoria ante el destierro. Deportación y retorno
A pesar de los intentos, no lograron exterminarlos. Mario menciona (y también está documentado) cómo las familias yaquis deportadas a Yucatán poco a poco regresaron a pie a su territorio. En la memoria colectiva de este pueblo se resguarda este momento crucial de su resistencia y sobrevivencia como tribu, donde las mujeres tuvieron un papel fundamental, ya que la mayoría de los deportados fueron mujeres, niños y ancianos. Fueron ellas quienes cargaron con la encomienda de resistir, luchar y regresar a su territorio para levantar nuevamente a su pueblo.
La deportación no logró el cometido de desarraigo. Sin embargo, el Estado mexicano continuó con la guerra contra el pueblo yaqui. En los años 20 se intensificó la guerra de extermino que se replicó en 1927, con el presidente Álvaro Obregón. Mario recuerda que este fue el momento en el que por primera vez el ejército mexicano realizó bombardeos aéreos en contra de la tribu yaqui. El nivel de la guerra subía de tono por las nuevas herramientas bélicas usadas en su contra. Y este momento provocó un éxodo masivo de yaquis a Arizona, Estados Unidos, para escapar de la represión del gobierno mexicano. Es importante mencionar que Arizona ya era un territorio conocido por la tribu, pues en tiempos de sequía se iba a cazar y recolectar alimentos a este sitio. Con esta migración masiva en la década de los 20, se asentó un núcleo yaqui en Estados Unidos. Actualmente, la población yaqui de Arizona es de aproximadamente 8 mil habitantes, quienes lucharon para que el gobierno estadounidense les reconociera su existencia. En 1978, lograron su reconocimiento como pueblo nativo en Estados Unidos.
Reconocimiento de tierras yaquis
Los yaquis nunca dejaron de luchar. Aunque los azotara una guerra, participaron en la Revolución de 1910 para conseguir la devolución de su territorio. Sin embargo, al final del movimiento revolucionario no les cumplieron y hubo nuevamente levantamientos constantes. Entre 1937 y 1940 se llegó a un acuerdo con el presidente Lázaro Cárdenas, quien abrió tierras de cultivo, se asignaron recursos económicos para desarrollar los trazos para un sistema de riego en las comunidades yaquis, algunas obras de infraestructura e incluso una especie de presupuesto económico para la organización interna de la tribu. Con eso se logró pacificar un poco el descontento ante la demanda principal de la devolución y reconocimiento de su territorio, ya que por decreto presidencial sólo se les reconocía alrededor de 485 mil hectáreas, que corresponden a un tercio de lo que fue su territorio ancestral, y el 50 por ciento de la captación del agua de la presa La Angustura.
En los años cincuenta comenzó la construcción de más obras sobre el río Yaqui, como la presa Álvaro Obregón, y ahí de nuevo comenzaron los conflictos por la extracción del agua. La gente que vivió en este tiempo recuerda que fue muy notoria la extracción de agua con esa nueva presa, ya que los caudales del río se empobrecieron. En los años 60 se construyó la presa El Novillo, conocida como Plutarco Elías Calles. Todas estas presas desviaban el agua hacia la ciudad de Hermosillo y otras regiones, dejando sin agua a la tribu yaqui. Ya en la década de los noventa, con las políticas neoliberales de Salinas, el campo se abandonó y la gente que vivía de la actividad agrícola comenzó a buscar otras opciones de supervivencia. Por ejemplo, en el caso de la tribu yaqui, muchos de los jóvenes migraron hacia las grandes ciudades como Hermosillo o Nogales para trabajar en las maquilas, y esto modificó la vida del pueblo yaqui. Jóvenes y mujeres trabajaban con horarios de 12 o más horas y poco a poco dejaron de usar su lengua materna como lengua primera. Las nuevas familias ya no enseñaban a sus hijos, porque la mayor parte del tiempo su vida estaba en una fábrica, en una maquila.
Ahora la guerra se presentaba de manera distinta. Pronto identificaron que se estaba afectando a la cultura del pueblo. Ante esto, la autoridad tradicional, algunos profesores bilingües y académicos empezaron a crear estrategias para enfrentar la pérdida de identidad, sobre todo de la lengua. Algunas de las acciones fue la traducción (español-yaqui) de los libros de texto de la SEP. Pero aunque los textos ahora estaban en la lengua yaqui, el contenido seguía siendo el mismo y no se agregaba nada que fortaleciera la identidad.
A partir del año 2000 llegó una enorme embestida de megaproyectos que afectaba a la tribu: ampliación de la carretera internacional a cuatro carriles; la implementación de casetas de cobro; la introducción de fibra óptica en territorio yaqui; acueductos; gasoductos; poliductos de PEMEX; redes de alta tensión de la CFE; los derechos de paso que no dejaban ninguna ganancia a la tribu, y con ello comenzaron las protestas. De nuevo, los yaquis se levantaban y mostraban su inconformidad. En 2011 y 2012 organizan manifestaciones más grandes, ya que el gobierno anunciaba la construcción y operación del Acueducto Independencia para desviar la poca agua del río Yaqui a la ciudad de Hermosillo. Este momento fue un despertar para la tribu yaqui, su río los convocó de nuevo como lo ha hecho en su historia. Y en esta lucha y despertar las autoridades tradicionales comenzaron a imaginar un espacio de aprendizaje donde se fortaleciera su identidad, su lengua, su historia, sus tradiciones.
Así nace la escuela autónoma Sewa Tomteme, dedicada al fortalecimiento de la cultura yaqui y al diseño de estrategias de comunicación, por lo que también abrió la radio comunitaria Namakasia Radio, que hasta el día de hoy es un espacio formativo en la comunidad. Ya son nueve años que se sostiene gracias al apoyo de familias yaquis y de algunas organizaciones no gubernamentales.
Plan de justicia para la tribu yaqui: ¿se terminó la guerra?
El expresidente Andrés Manuel López Obrador asistió en septiembre de 2021 al territorio yaqui para realizar una disculpa pública a la tribu por los atropellos que ha recibido históricamente por el Estado mexicano. En su sexenio creó los llamados Planes de Justicia para algunos de los pueblos más emblemáticos de México. Sin duda, la tribu yaqui era uno de estos pueblos. El Estado mexicano sabe que hay una deuda histórica con los pueblos originarios, pero la realidad es que estas acciones públicas sólo han servido para favorecer al partido político de Morena y crear una imagen generosa con los pueblos originarios. La realidad es que, a pesar de este perdón público, los problemas territoriales, encarcelamientos a defensores de territorio, desplazamientos y desapariciones siguen realizándose para desmoronar a este pueblo. En teoría, estos planes de justicia tendrían que resolver los atropellos históricos que ha vivido la tribu, pero, así como con los demás pueblos que han recibido estos planes, sólo se han desplegado acciones de equipamiento y vivienda y obras en espacios públicos. El tema principal que es la restitución de tierras no se ha resuelto.
Algo que ha indignado a los miembros de la escuela autónoma Sewa Tomteme y la radio Namakasia es que algunos de los proyectos derivados del Plan de Justicia de López Obrador buscan apropiarse de las iniciativas propias que ha construido la tribu y que sin vergüenza crearon paralelamente una radio para la tribu yaqui, pero controlada por el gobierno a través del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas. También hicieron los espacios llamados Semilleros Creativos, que buscan crear espacios educativos para la juventud. Estos proyectos gubernamentales solamente golpean las construcciones autónomas y comunitarias que la tribu ha realizado. También se observa que, con la aparición de estos proyectos, se ha creado una dependencia de los fondos gubernamentales y esto provoca que la cultura no se reproduzca de manera orgánica, como se ha hecho por cientos de años. Los problemas históricos de la tribu yaqui aún están activos, y la lucha por la defensa de sus tierras y el rio Yaqui y el fortalecimiento de su cultura continúa.
La operación del Acueducto Independencia se mantiene, lo que afecta al abastecimiento de agua en los ocho pueblos tradicionales. En los últimos años, además, la tribu yaqui ha tenido que enfrentar un ambiente violento por el crimen organizado, y esto ha provocado desplazamiento de habitantes y la desaparición y asesinato de activistas tradicionales yaquis.
Aunque el escenario es desalentador, como en todo México, sabemos de la fortaleza inquebrantable de la tribu yaqui, que al igual que en su pasado está creando las estrategias necesarias para garantizar su existencia.
✥ ✥ ✥
Galería
Arte, cultura y comunidad: fortalecer la identidad y la cultura yaqui
La escuela autónoma Sewa Tomteme está dedicada al fortalecimiento de la cultura yaqui y al diseño de estrategias de comunicación, por lo que también abrió la radio comunitaria Namakasia Radio, que hasta el día de hoy es un espacio formativo en la comunidad.
✥ ✥ ✥
Video
La lucha yaqui en la ONU
✥ ✥ ✥
❈ Vuelve a ❈
Voces de la tierra
Manifiesto en Defensa del Yo’o Lutu’uria: Contra la Infiltración, el Entreguismo y la Prostitución Cultural de Mario Luna
La dignidad, la historia y la cosmogonía de la Tribu Yaqui no son mercancías vendibles ni herramientas de relaciones públicas. Hoy en día, el atropello más grave proviene de operadores internos que actúan directamente como infiltrados del gobierno. El nombre de Mario Luna destaca como el del peor prostituto de la cultura yaqui: un entreguista y deformador del costumbre que ha colocado lo más sagrado al servicio del poder político, comercial, de la prensa vendida y de los medios en general, construyendo un discurso conveniente y de desinformación diseñado específicamente para deformar y desaparecer la cultura yaqui.
1. La defensa del territorio empieza por la defensa del costumbre
Existe una verdad fundamental que la simulación institucional y sus operadores pretenden borrar: un pueblo que no puede proteger sus creencias y costumbres tampoco puede proteger su territorio. La entrega de la identidad es la capitulación del espacio sagrado.
El sacrificio de los ancestros: Nuestros antepasados dieron su vida en una resistencia histórica y sangrienta, peleando firmemente para que nuestras ceremonias, símbolos y formas de vida no fueran jamás grabados, puestos en vitrinas de museos, ni estudiados por el ojo externo como un simple fenómeno cultural o como un objeto de análisis social.
La gran contradicción: Hoy, bajo el pretexto hipócrita de la «folklorización» y con la excusa de «mostrar la cultura al mundo», Mario Luna y su círculo justifican la venta, el registro y la profanación de absolutamente todo. Exponer lo sagrado ante las cámaras no es difusión ni orgullo; es una traición directa al legado y al sacrificio de quienes nos antecedieron.
2. La profanación tecnológica y el falso progreso yori
La gravedad del actuar de estos personajes radica en la destrucción de la raíz desde adentro, adoptando las lógicas y los esquemas de construcción social del opresor:
El robo de la gracia y el Sewa: El Yo’o Lutu’uria prohíbe estrictamente el registro visual de lo sagrado. Grabar o tomar fotos a una ceremonia es el equivalente exacto a retratar a alguien en plena conversación con Dios: le quita el poder, le arrebata lo sagrado y rompe el misterio. La existencia de la tecnología no es, bajo ninguna circunstancia, una licencia para la falta de respeto.
La pérdida de la bendición: Nuestra tradición oral lo dicta con total claridad, y es una verdad que cualquier yaqui conoce y sostiene: en el momento en que se graba y se toma una fotografía, se pierde la sewa (la flor), se desvanece la gracia y se ahuyenta la bendición.
La trampa de la modernidad: Mario Luna pretende suplantar esta raíz viva y espiritual por la «modernidad» y el espectáculo visual. Pero la sentencia es tajante: no se puede ser yaqui buscando el progreso del yori. No se puede reclamar identidad indígena mientras se camina bajo las mismas bases e intereses del opresor, arrastrando el costumbre hacia la domesticación del sistema.
3. La estructura de la asimilación institucional
Este entreguismo responde al viejo modelo de control y aculturación que el aparato estatal ha intentado imponer para disolver la cohesión comunitaria desde el interior.
El monopolio de la simulación: Los premios, los presupuestos, las direcciones de museos y los supuestos «puentes» de comunicación con el gobierno quedan siempre en manos de este círculo alineado. Ellos simulan mandar desde sus escritorios institucionales, pero solo son piezas útiles para un sistema que busca homogeneizar a un pueblo soberano, cuya existencia y dignidad son muy anteriores a la del propio Estado mexicano.
El verdadero yaqui sostiene y defiende la ley tradicional dentro del territorio, protegiendo el misterio de sus creencias del lente y de la vitrina. Denunciar la infiltración y frenar a quienes prostituyen el costumbre es el único camino para asegurar que la herencia indomable de resistencia permanezca intacta y verdaderamente libre.