El ecocidio como capricho y como negocio en Puebla
Las venas de la tierra ya de por sí se han secado, los animales han desaparecido, las montañas quedan descubiertas, desnudas… Sobre suelos de curtida historia y voces ancestrales se imponen nuevas ciudades, ciudades sobre pueblos, ciudades encima, industrias en contra de la población que de por sí ha padecido territorios secuestrados por empresas. Los paisajes que nos cuentan con dolor que los ecosistemas agonizan avisan que ya no se puede más… pero arriba llegan unos señores gobernantes, unos como los que siempre han llegado a estos pueblos con su logo tricolor, con su círculo azulado, ahora con color guinda y con más descaro, porque se creen diferentes hablando de transformación.
Puebla lleva sexenios padeciendo el gobierno de personajes siniestros. El que ahora gobierna lleva un poco de todos: el ímpetu desarrollista y mafioso de Bartlett, el descaro de Marín, la megalomanía de Moreno Valle y el sello caciquil tan conocido por estas tierras, siempre con un tufo de colonialismo y superioridad que presume sabiduría que más bien queda en chiste cruel.
¿Cuál es la palabra que resume el acto de llegar a adueñarse de un territorio? ¿Cuál es el mejor término que alcanza a nombrar el acto de ocuparlo para explotarlo al máximo haciendo a un lado a su población? A toda esta camada de viejos políticos que buscan el disfraz más de moda, los pueblos les parecen territorios vacíos que hay que ocupar. Las acciones que sistemáticamente están provocando y legitimando el ecocidio en Puebla reflejan que el territorio, visto desde el gobierno, es un pedazo de tierra vacía; el modo en que dañan los ecosistemas genera una larga cadena de ecocidios, y el modo en que esos proyectos van a dañar a la población es profundo y a largo plazo implicará el desplazamiento de pueblos completos.
La serie de megaproyectos que impulsa el gobernador de Puebla (algunos federales, otros estatales) lleva por delante una serie de patrones comunes:
- Se ejecutan en la ilegalidad, transgrediendo tratados internacionales y la propia Constitución, pues el gobernador está convencido de pasar por encima de todas las atribuciones de los municipios y ha modificado leyes para lograrlo.
- Se ejecutan en la opacidad y bajo engaños, generando falsas asambleas, consultas y procesos que aparentan que se está escuchando, cuando escuchar es lo que menos les es posible hacer.
- Se imponen por la fuerza, con la implementación de medidas al más viejo estilo priista del acarreo y de la operación de grupos de choque disfrazados de manifestantes a favor del proyecto.
- En todos ellos la naturaleza es vista como producto y los pueblos como estorbo o como población que debe adaptarse.
- En todos los casos el gobernador y las secretarías condenan a quien defiende el territorio, creando condiciones para que las personas defensoras se encuentren en riesgo y para que se demeriten los procesos que se les interponen en el camino.
El ecocidio como capricho megalómano
El sistema de transporte por cable (Cablebus) es la obra emblema del gobernador Armenta: una obra que no resuelve el problema de movilidad en la ciudad de Puebla, pero que sí representa el trofeo con el que pretende dejar huella, igual que cada gobernador antes que él.
El proyecto contempla cuatro líneas y aproximadamente noventa torres. La empresa involucrada es Doppelmayr y el presupuesto estimado es de alrededor de 6.750 millones de pesos.
Los parques y espacios proyectados para su construcción son los parques y cerros de mayor importancia ecosistémica de la ciudad y de mayor uso de la población como área verde, recreativa y pública. Es decir, estos espacios se verían profundamente afectados y fragmentados en una ciudad en la que de por sí existe una profunda carencia de áreas verdes y parques, y en la que esos espacios fueron construidos por la propia población, que poco a poco fue levantando áreas comunes pese al Estado y no con su apoyo.
La construcción de terminales y torres iba a implicar la tala de aproximadamente mil árboles, pero por la amplia y diversa movilización social el gobierno tuvo que ir bajando el número de árboles que se iban a talar y trasplantar, para tratar de convencer a quienes vemos en este proyecto solo un capricho del gobernador.
La tala o trasplante de esa cantidad de árboles y los que sea que se lleguen a afectar sí implica un profundo daño al medioambiente, también por la afectación que produciría a las especies de aves como el Gavilán de cooper.
El ecocidio provocado por el Cablebús estaría motivado por el capricho del gobernador, que cada día demuestra una nula capacidad de reconocer que en teoría debería de gobernar obedeciendo a la población y no que los pueblos tienen que ver a la autoridad como un mando supremo, intocable e incuestionable.
El ecocidio como modelo de negocio, racista y colonial
El caso que por ahora está siendo ejemplar para ilustrar esta serie de patrones es el de San José Chiapa, en el cual se pretende imponer un Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECOBI) y la Capital de la Tecnología y la Sustentabilidad.
El primero va a implicar la imposición de un centro de reciclaje que va a procesar la basura de Puebla, manejando aproximadamente 6,000 toneladas diarias de basura generada en la ciudad de Puebla, no en San José Chiapa y que implica el funcionamiento de una incineradora. El segundo consta de múltiples proyectos, entre los cuales están un centro de producción de baterías de litio para la armadora del auto Olinia, una planta fotovoltaica, un centro de agroindustria del Bienestar, un centro comercial, un lago artificial, vivienda que a decir del gobernador Alejandro Armenta será diferente a la que ya hay ahí, una subestación eléctrica y una planta armadora de autopartes de Thyssenkrupp, además del llamado a la inversión privada que hacen en su portal y que constará también de industria militar (https://capitaldelatecnologia.puebla.gob.mx/). En suma: se construirá una ciudad sobre tres pueblos (San José Chiapa, Nopalucan y Rafael Lara Grajales) bajo el lema de la urbanización ecológica y la invitación a invertir en una localización estratégica.
Con esto se estará provocando que esos pueblos se vacíen de la población que tanto estorba y que ahí habiten los trabajadores de las empresas mencionadas y de Audi, pues la planta armadora se encuentra a un costado desde el 2016, en un territorio que ya de por sí padece devastación socioambiental a raíz de que Moreno Valle impusiera Ciudad Modelo en el 2012, con un sello tan parecido al de Armenta que no sorprende que a la 4T le moleste tanto que los comparen.
En este caso el daño ambiental no es colateral, el proyecto en sí implica daño ambiental y socioambiental. Por un lado, el negocio de transformar la basura disfrazándolo de sostenible; por otro, el negocio de quitar la basura de la ciudad y llevarla a los pueblos, que es en sí mismo un acto de racismo ambiental, un ecogenocidio por negocio proyectado en partes, como una muerte programada. Así, este Polo ilustra una lógica ecocida, etnocida y colonial que resume muy bien el sello de la 4T y su gran sensibilidad hacia los pueblos.
Contrastando el trato que Armenta da públicamente al movimiento contra el Cablebus y al de San José Chiapa se puede ver el fuerte racismo y el desprecio por los pueblos campesinos: con el Cablebus ha habido más simulación de consulta y escucha (aunque no deja de ser una pantomima); sobre Chiapa se atrevió a decir que quien se opone al proyecto es un delincuente, que se abrieron carpetas de investigación, que son uno/as majadero/as.
Claudia Sheinbaum fue a regañar a los pobladores de San José Chiapa el 11 de abril de este año, para dejar claro que el Polo se hacía y que se los podían ir a explicar, pero no a consultar. Toda la doctrina del consentimiento libre, previo e informado cabe en esa distinción, y toda su violación también.
La diferencia entre uno y otro Ecocidio, radica en que el Ecocidio no es parte del negocio, es un daño colateral que en un inicio no les importaba y ante el cual han tenido que recular y adecuar. En el caso de San José Chiapa si es un Ecocidio por proyecto: el daño genera ganancias.
La imposición del bienestar que es lo que implican los PODECOBIS en todo el país y la exigencia de fe ciega, aunque haya todas las pruebas claras y públicas de que sus proyectos son iguales a los de los gobiernos anteriores es el sello capitalista de Claudia. Estos proyectos materializan lo que las y los zapatistas nombraron en el atinado y magistral texto de la Cuarta guerra mundial (1997):
“¿Las megalópolis sustituyen a las naciones? No, o no sólo. También las incluyen y les reasignan funciones, límites y posibilidades. Países enteros se convierten en departamentos de la megaempresa neoliberal. El neoliberalismo opera así la DESTRUCCIÓN/DESPOBLAMIENTO por un lado, y la RECONSTRUCCIÓN/ REORDENAMIENTO por el otro, de regiones y de naciones para abrir nuevos mercados y modernizar los existentes”
La verdadera apuesta de gobernadores como Armenta y del Gobierno Federal es esa, la de las megalópolis que motivan estos proyectos y que, pese a que no se cansan de hablar de la época neoliberal como pasado adjudicable a sus adversarios políticos, su lógica introyectada es esa, quizás por eso solo reconocen como oposición a quienes les son tan similares porque no pueden ver más allá.
El clima de satanización de las rebeldías y de negación del derecho de disentir limitando todo a una narrativa de poder en la que oposición es panismo, derecha, contras y partidistas viles ha contribuido a que estos proyectos ecogenocidas se abran paso con el apoyo de medios e individuos que creen en la obediencia ciega, el silencio cómplice y la inmovilidad como gesto de conciencia. Por eso la anunciada visita de lo/as 1,111 zapatistas (en el reciente semillero) a la ciudad de México en diciembre es una bocanada de aire fresco, un respiro, un gran aliento.
Los pueblos que resisten al PODECOBI de San José Chiapa, la población movilizada en la Ciudad de Puebla contra el Cablebus y la larga lista de dignas resistencias y rebeldías que en Puebla caminan contra esos ecocidios demuestran con paso lento que las nuevas formas de hacer política están latiendo, han aprendido y reflejan que no hay caudillos aunque no falte quien eso busque, que no se silencia con amenazas, con grupos de choque, con criminalización y dádivas. Los pueblos caminan resistiéndose a desaparecer, defendiendo su derecho al territorio, a vivir en paz.
Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida
Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida tratan de acompañar y tejer caminos entre luchas. Son integrantes del Nodo de Derechos Humanos, del proyecto Etćetera Errante y Adherentes a la Sexta Delcaración de la Selva Lacandona.