Foto: Oliver Barrón
Foro Territorios en Resistencia: Frente a la militarización y los megaproyectos
El reemplazo del proyecto del Aeropuerto de Texcoco o Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM) por la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) generó diversas polémicas relacionadas con los recursos empleados y con la resistencia que se opuso a ese proyecto durante las administraciones de Vicente Fox y Enrique Peña Nieto. A contramano de ello, las objeciones y resistencias a la obra construida en la zona norte de la Cuenca de México, en el Estado de México, a partir de 2019 resultaron invisibilizadas.
Esto incluyó a distintos sectores. Por un lado, tanto a los detractores del proyecto que estaban a favor del NAIM, como a quienes promovieron activamente el AIFA como parte de la apuesta política de la llamada Cuarta Transformación. También resalta la atención prestada por los medios de comunicación de paga y desde el ámbito académico a los megaproyectos de infraestructura del sureste del país, en especial al denominado Tren Maya. En cambio, las poblaciones que se extienden desde el norte de la Ciudad de México hasta la Base Aérea de Santa Lucía, en el Estado de México, están más asociadas a su condición de periferias urbanas y ciudades dormitorio que a su vínculo con el territorio y su defensa. Esto, a pesar de que, como ocurre con poblaciones afectadas por las obras ya realizadas y las que están en construcción, se autoadscriben como pueblos originarios, que sostienen formas de vida comunitarias. Se les da un tratamiento como si sus territorios fueran espacios vacíos en los que pudiera intervenirse de manera utilitaria.
Ahí habitan millones de personas, así como otras formas de vida no humanas: árboles, plantas, insectos, peces, pájaros y otros mamíferos. Y también existen distintas luchas; una evidencia de ello es el acoso que han recibido por mantener la organización y la defensa del territorio, lo cual implica oponerse a la devastación ambiental. Después de luchar durante años contra el AIFA, han continuado denunciando la imposición y el avance de otros megaproyectos de infraestructura que siguen rediseñando el espacio y las relaciones sociales y con la naturaleza. Por ejemplo, respecto al Corredor AIFA, se ha denunciado la construcción de centros comerciales y de un parque industrial (T-Mex Park), que se presenta como el hub multimodal más grande de Latinoamérica. También han cuestionado la lógica de la Planta de Tratamiento de la Laguna de Zumpango, en parte por la manera en que se llevó a cabo la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), pero también porque se omite que, detrás del proyecto, se oculta el despojo del agua de la región mediante la perforación de pozos y el saqueo de los bienes hídricos de la región con distintos fines.
Un antecedente por demás alarmante es que el 7 de abril de este año, mientras vecinas y vecinos de la comunidad de San Lucas Xolox realizaban una manifestación pacífica en el área de construcción de las vías del Tren México-Pachuca, una de las obras en desarrollo. En esa ocasión fueron hostigadxs y amenazadxs por integrantes del Agrupamiento de Ingenieros Militares Felipe Ángeles. Esto incluyó empujones, la tala de árboles, lo cual puso en riesgo la integridad de lxs manifestantes, así como amenazas de usar motosierras contra lxs integrantes de la comunidad que se opusieran al avance de las obras.
La militarización de la construcción de obra pública, a través de su diseño, gestión y usufructo por parte de la SEDENA y la SEMAR, queda patente, como lo demuestra la asignación de al menos 23 grandes obras a estas instituciones desde 2019, lo que conlleva otras afectaciones sociales, como las derivadas del amedrentamiento de las comunidades que se oponen. Detrás de la definición de su construcción como asuntos de seguridad nacional o de interés público, e incluso del ideario de modernización con el que son presentadas, se oculta un rediseño del territorio que, al mismo tiempo, modifica las formas de convivencia y de habitar en las comunidades.
Por todo ello, el pasado 5 de septiembre se realizó el foro “Territorios en Resistencia: Frente a la militarización y los megaproyectos”. Esto fue posible gracias a una articulación de luchas e iniciativas en la que participaron la Red de Pueblos del Norte de la Cuenca de México y del Sur del Valle del Mezquital, los 12 pueblos originarios de Tecámac, el Consejo Consultivo y Defensa del Agua de Santa María Cuevas, Volta Tostadores de Café, la Red Universitaria Anticapitalista y Resistencia contra Conflictos Socioambientales.
En este espacio se realizaron tres mesas para difundir información sobre el contexto en el que se desarrollan estos proyectos y sobre las posibles alternativas para enfrentarlos. En la primera de las mesas se establecieron diagnósticos sobre el proceso de militarización actual, la relación que este tiene con la devastación ambiental (como el despojo de agua y la tala de árboles), la manera en que el fenómeno se dio en el contexto de la construcción del AIFA y de las rutas ferroviarias que lo complementan, así como las formas de organización y resistencia que surgen ante ello.
En la segunda mesa se abordaron las respuestas comunitarias que emergen ante las problemáticas asociadas a los megaproyectos. Esto implica la construcción de saberes en el territorio y con sus poblaciones, lo cual se enunció como educación ambiental popular. Es por ello que se habló de la realización colectiva de un catálogo comunitario de plantas y animales afectados por las obras del tren que conectará con la capital del estado de Hidalgo, pero también de los recorridos que se llevan a cabo para reconocer el entorno comunitario, tanto del monte como de distintas especies animales, por ejemplo, a través de avistamientos de aves con infancias, llamados “pajareadas”. A ello se suma el acompañamiento de otros esfuerzos mediante el muestreo de agua para sistematizar sus niveles y modalidades de contaminación, lo cual también se ha realizado en relación con la calidad del aire.
En la tercera mesa se recuperaron las experiencias de lucha de estos años, a través de los aportes de personas y colectividades que han hecho parte de este esfuerzo. Además de lo ya señalado en relación con el agua y las afectaciones vinculadas a la construcción de las obras, se habló de los daños ambientales asociados a la producción de cemento, una de las actividades más contaminantes por el volumen de energía que requiere y por la polución del aire que implica.
La valiente organización de estos pueblos es un ejemplo para las comunidades que están siendo afectadas por otras obras en construcción y que sufrirán daños similares. Entre estos no sólo se cuentan los ambientales o los derivados del despojo del territorio, sino también la paulatina normalización de que la vida transcurra bajo la mirada y el control de los cuerpos armados del Estado.
La lucha sigue