De la estrategia de Trump a los pakales
En los análisis no es bueno separar las diversas dimensiones de la dominación, ni de ningún objeto de estudio. Así como creo que es necesario profundizar en cada aspecto por separado, descifrando y destripando cada modo y cada forma que asumen las opresiones, pienso que es también necesario vincularlas, establecer conexiones que nos permitan, además de la comprensión de cada una de las parte, llegar a tener una mirada de conjunto para no perdernos ni en las particularidades ni en generalidades abstractas.
Aunque pueda parecer exagerado, creo que podemos establecer una relación entre el genocidio en Gaza y las represiones concretas en Chiapas, en Ecuador y en otros países de la región latinoamericana. Una mirada cronológica nos puede ayudar, aunque creo que los sucesos en Medio Oriente tienen una dinámica propia que se viene desplegando desde hace mucho tiempo.
A principios de mayo de este año, se presentó ante el gobierno de Donald Trump la más reciente Estrategia de Defensa Nacional, que supone un viraje respecto a las anteriores. El medio politico.com destacó en un extenso análisis que “los funcionarios del Pentágono están proponiendo que el departamento priorice la protección de la patria y del hemisferio occidental, un cambio sorprendente respecto del mandato de años del ejército de centrarse en la amenaza de China” (Politico, 9-V–2025).
Este viraje fue confirmado por la reciente “asamblea” de más de 800 militares, en la cual Trump señaló que Estados Unidos está sufriendo una “invasión desde adentro” y que los uniformados deberían usar las ciudades como “campos de entrenamiento” para atacar a los “enemigos internos”. Más allá del escándalo que provocó su discurso, debe aceptarse que colocó sobre el terreno la nueva estrategia que prioriza la defensa de su nación y del conjunto del hemisferio occidental (incluyendo a Israel), como prioridad principal, mientras antes se trataba de contener a cualquier potencia emergente en los más remotos rincones del planeta.
El ataque a lanchas que salen de Venezuela muestra la decisión de controlar el Caribe a cualquier precio, con la excusa del narcotráfico, cuando se sabe que la mayor parte del comercio del drogas pasa por el Pacífico. La decisión del gobierno de Javier Milei de permitir el ingreso de militares del Pentágono sin pasar por el parlamento, va en la misma dirección que la creciente presencia militar de Washington en Ecuador, de la mano de Daniel Noboa que permite al ejército de Estados Unidos “ingresar al Ecuador si la democracia del país está amenazada” (Radio Pichincha, 5 de octubre de 2025).
La creación en Chiapas de las Fuerzas de Reacción Inmediata Pakal (FRIP) en agosto, obedece a la misma tendencia de militarización. Al igual que hace Trump, el gobierno estatal dice utilizar a los pakales para combatir el narco (¿qée puede tener mayor legitimidad que combatir al narco?), pero en realidad los utiliza para atacar comunidades indigenas y muy en particular a las bases de apoyo del EZLN y a las personas dispuestas a trabajar en Común. Eso tampoco es casualidad: la propuesta del Común tiene un profundo carácter de larga duración, estratégico como suele decirse en la jerga militante, que está llamada a modificar el escenario de las luchas sociales en Chiapas y (ojalá) en el mundo.
No quiero dar la impresión de que el gobernador de Chiapas, y autoridades en México y en América Latina, estén siguiendo punto por punto las “órdenes” que emanan del Pentágono. No lo creo, pero tampoco es descartable. El tema es que los políticos aprendieron a aguzar el sentido del olfato de lo que viene de arriba, de tal modo que pueden discernir con mucha precisión los cambios en la orientación de los vientos, por poco evidentes que sean para el resto de los seres humanos. Lo aprendieron porque el “olfatímetro de arriba” es una condición básica para su supervivencia en el poder. Por ignorantes y brutos que nos puedan parecer, los chuchos han desarrollado esa capacidad, lo que les permite ponerse a favor de la corriente de arriba cuando intuyen virajes importantes. Puede cada quien poner ejemplos en su rincón del planeta.
Entonces, debemos comprender que lo que viene sucediendo en cada lugar, es parte de un proceso global de militarización que no se va a detener en poco tiempo. Los pakales llegaron para quedarse, las ciudades militarizadas en Estados Unidos serán el escenario del futuro, las agresiones imperiales en nuestro continente no harán más que agravarse, porque el Imperio está dejando una parte del mundo en otras manos, ya que no está en condiciones de controlarlo todo, para hacerse fuerte en su patio trasero. Eso implica más violencia contra los pueblos de esta parte del mundo.
Por lo tanto, el debate central para los movimientos y los pueblos organizados debería ser cómo enfrentar una larga guerra del arriba contra los abajos, cómo seguir siendo en medio de la violencia. Teniendo claro que es una violencia genocida para desaparecernos como pueblos, para erradicarnos de la tierra. No es un debate sencillo porque no hay precedentes en la historia, de que los de arriba ya no necesitan a los de abajo, ni siquiera para explotarlos. Saber que somos descartables nos tiene que hacer más sabios, más prudentes, pero no menos decididos y combativos.
Raúl Zibechi
Periodista y educador popular; acompañante de las luchas de los pueblos de Amércia Latina.