Cartas para hilar historias de re-existencias en la montaña de Guerrero

Vale querida, ya ha pasado más de un año desde que partiste, y nosotras te seguimos pensando cada que visitamos las comunidades y el trabajo con infancias, nos acordamos de ti, al pensar y al escuchar las historias de las infancias, de aquellas vocecitas grillitos y grillitas que van creciendo en medio de esta violencia imparable, inhumana, que nos sigue exterminando en la montañita de Guerrero.
Te cuento amiga mía, que recién fuimos a una comunidad de la montaña, para conocer el sentir en las asambleas, para hablar del racismo institucional para acceder a la salud por el simple hecho de ser de pueblos indígenas, gobierno que vaya y gobierno que llegue siguen las mismas prácticas, cambian de máscara pero no cambiarán de mirarnos con desprecio, con burla con racismo por ser montañeras y montañeros.
En los testimonios en las brigadas de salud del “Centro de Acompañamiento Médico Marcelina Ramírez” volvimos a encontrar padecimientos agravados, porque ninguna institución de salud ha ofrecido un servicio, una atención con respeto a los cuerpos de las personas de pueblos indígenas.
Sólo montan edificios mal construidos, que poco a poco se filtran con las lluvias porque fueron construidos con materiales de pésima calidad, terminan deteriorándose, no ofrecen servicio porque están vacíos, no hay personal para atender, o en el mejor de los casos atienden algunos días por semana pero eso sí, sin medicamento, porque dicen que no les llega, entonces tienes que ir a comprar tu propio medicamento.
¿Te acuerdas cuando fuimos a Atzompa en Metlatónoc en el año 2008? e hicimos esas entrevistas al médico? ¿qué fue lo que nos dijo? ah sí, que – “ la gente se enferma porque son cochinos, son piojosos, es gente que vive como animales” y recuerdo bien que en ese momento, nos aguantamos la rabia y el coraje, porque documentamos ese testimonio para denunciar esa práctica tan racista y tan inhumana.

Fue de las primeras veces que nos tocó callarnos para obtener pruebas de lógicas pensamientos de deshumanización de los pueblos, para justificar maltratos, aberraciones y demás prácticas sobre nuestros cuerpos por el simple hecho de tener una identidad diferente.
Desafortunadamente, no solo vivimos estas violencias en la montaña, también nos estamos enfrentando a otras violencias que nos permean a diario y que lamentablemente están generando cada día más procesos de desplazamiento forzado a causa de los enfrentamientos entre grupos criminales, disputas territoriales, ejecuciones, desapariciones, que nos están dejando en medio de una guerra que no para.
Bien sabemos que estas guerras se dan por una relación de contubernio entre los grupos criminales existentes en la zona de la montaña y los gobiernos tanto municipales, estatales que han convertido a Guerrero en un estado sometido por estos grupos fácticos. Lamentablemente conforme transcurre el tiempo, tales grupos se siguen extendiendo en la montaña de Guerrero, en todo el estado, en el resto del país mejor dicho.

Y ¿Sabes querida Vale? Me acuerdo mucho que justo hace unos 6 años hablábamos de estos procesos de desplazamiento forzado, militarización, guerra entre grupos criminales que están generando un ambiente de muerte en otras regiones de Guerrero, y de cómo empezaba a instaurarse ese clima poco a poco en la montaña. Ay Vale, de verdad que es terrible, como ya anticipábamos, esta situación va subiendo de nivel, esas guerras en nuestros territorios y nos está causando mucho dolor y muerte entre familias, entre pueblos, entre las mujeres, entre las infancias.
Querida amiga, te confieso que siento mucha rabia, porque los caminos de la montaña han cambiando tanto, ya no podemos transitar solas en varios parajes y veredas como nos gustaría, ya no podemos caminar sin sentir temor, ya no podemos viajar solas como antes lo hacíamos en esas primeras salidas a la montaña, de madrugada y nos tomábamos las pasajeras o mixtas de ruta en donde nos agarrara el camino.
Eso ya no es posible, la montañita de nuestro corazón tiene esas grietas, esos dolores, que cada día se marcan más, que nos ha puesto en un lugar de mucha vulnerabilidad. Hoy más que nunca necesitamos reinventar prácticas de re-existencia desde nuestra comunidad y sobre todo para las mujeres.

En estos tiempos, se viven tantos horrores en la montaña, los casos de feminicidios, desapariciones de mujeres siguen día a día en aumento, muchas historias trágicas que ya ni siquiera se denuncian por temor a ser amenazadxs por la colusión que hay entre las instituciones que supuestamente deben brindar seguridad a la ciudadanía, en estos momentos, se vuelven halcones de los grupos criminales. Eso nos deja en una situación tan vulnerable, tan compleja, donde la justicia se ha ido, ya ha muerto en esta zona de la montaña. Vivimos tiempos de muerte.
Vale querida, si vieras cuánto nos hace falta tu compromiso, tu energía, tu ánimo, tu hilar como buena tejedora de pensamientos, saberes y experiencias tan distintas. Se te extraña mucho amiga, quisiéramos consultarte tantos asuntos y que seguro, nos darías una palabra de ánimo con esa sonrisa de la esperanza frente al horror que vivimos en este territorio.
Pero también recuerdo, que frente a ello, en esas conversaciones platicamos mucho, soñamos muchos, ¿Qué podíamos hacer nosotras? ¿Cómo tejer esperanza? te acuerdas de los casos que nos tocó acompañar desde el Espacio cultural de Tikosó, platicamos, conversamos largamente con otras compañeras y amigas.. ¿Qué podemos hacer como mujeres de los territorios, frente a los escenarios de muerte y violencia que están impactando nuestros cuerpos- territorios?.
Y justo recién hace dos años, acordamos construir espacios en la montaña para seguir luchando, pero primero, lo que urgía era acuerparse más allá de lo político, y empezar a reivindicar esa visión del cuidado colectivo, ese espacio comunitario.
Te cuento pues que así lo empezamos a tejer poco a poco, abriendo espacios para la juntanza para las mujeres en Tlapa.

¿Por qué?, nos preguntarán algunos, pues porque así lo miramos, así es como hemos logrado resistir en los pueblos y comunidades, en medio de las redes del cuidado colectivo, cuidado comunitario, en donde las mujeres tejemos esas redes para sobrevivir frente al machismo, el patriarcado en nuestros propios entornos.
Te cuento amiga mía, que el año pasado ya dimos esos primeros pasos de la juntanza, la juntanza para re – existir, como nos decías. Y sí, fijate que con el ánimo de la querida Rebecca, Emma, Dani, Alma y muchas más de la colectiva, empezamos a llevar a cabo los encuentros para la sanación colectiva en el Espacio Cultural de Tikosó.
Iniciamos hilando poco a poco una lugarsita pensándonos como mujeres, que estamos enfrentando las guerras, las violencias frontales en nuestros territorios, los traumas, pérdidas, miedos y terrores que nos están dejando estas guerras a nuestros cuerpos, a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestros espacios físicos y espirituales que habitamos.
Fíjate que es una bonita juntanza, porque periódicamente nos juntamos, tenemos tejidos de la palabra, rituales y alimentos de la montaña para irnos a la raíz de todos estos efectos en nuestros cuerpos, en nuestras memorias e historias, por eso empezamos a procurarnos, empezamos a generar trabajo colectivo, como sanarnos entre todas, acompañarnos mutuamente, corazonar y soñar juntas.

Se vienen tiempos difíciles, pero también nos anima a poder tejer a la distancia, compañeras, compañerxs, con otras colectivas, con los pueblos que se organizan autogestivamente, con las comunidades, con las redes colectivas que ponen al centro la lucha por la vida. Es con ellxs que estamos soñando cómo generar esos nuevos espacios para construir y reconstruir los territorios, territorios de la esperanza, territorios para el apoyo mutuo, como un solo tejido colectivo y comunitario que mucho se ha fragmentado, erosionado por estas guerras que nos siguen matando.
Me despido por ahora querida Vale yo estoy segura que has conocido a mis abuelas y abuelos, porque me lo han contado, su sabiduría la siguen mostrando en cada elemento ritual y del territorio de la comunidad nos ha visto crecer. Son quienes guían nuestros caminos, nuestros sentires y pensares, que siguen en esta lucha por la reconstrucción de la vida en contextos de guerras y violencias.
Si algo nos queda claro, es que en esta montaña, es que necesitamos cada día más personas tejedoras en la montaña, que congreguen, que animen, que articulen, que tengan esa mirada, esa claridad, más allá de la academia, más allá de los activismos, más allá de las luchas políticas…así como fueron tus pasos amiga, por esta querida montaña.

Edith Herrera
Mujer ñuu savi (gente lluvia) originaria de la Montaña alta de Guerrero. En los últimos 15
años ha trabajado en diversos procesos organizativos locales así como en colectivos de
mujeres y juventudes para la promoción de los derechos de los pueblos indígenas y la
construcción de la autonomía de la vida, a partir de saberes y conocimientos milenarios en
torno a la salud, al territorio y alimentación tradicional. Actualmente es coordinadora del Espacio Cultural Educativo “TIKOSÓ”.