Capitalismo genocida: depredación y desobediencia
“El hospital (norte de Gaza) está rodeado. No por hombres ni siquiera por soldados, sino por máquinas. Drones…que no conocen ni el sufrimiento ni la misericordia, son la más depurada expresión de la obediencia sin conciencia” (Ezzideen Shehab. Diario de un joven médico. Notas sobre el genocidio en Gaza)
“El fútbol no está a la venta” (UEFA a Infantino)
La corrupción de la FIFA al desnudo
Acaba de terminar el Mundial de fútbol, que nos tuvo a muchos involucrados por un mes muy intenso de ciertos juegos apasionantes, pero también con un efecto muy negativo porque ha quedado desnudada la gran corrupción e impunidad que existe en el mundo dentro de este deporte, inserto plenamente -por su gran representatividad de naciones y el enorme volumen económico que mueve- en esta etapa depredadora y oligopólica del peor capitalismo neoliberal. Han quedado totalmente expuestos la dirigencia de la FIFA y particularmente su presidente-dictador Gianni Infantino, por el altísimo nivel de corrupción, servilismo y mercantilización a que están queriendo llevar a esta institución trasnacional, al grado de que el propio presidente propuso asociarse con la familia Trump-Kushner para poder dividir y vender con una empresa de ellos las futuras participaciones y ganancias de los Mundiales, incluso hipotecando en parte la propia copa. El método se basa en la opacidad, verticalismo y autoritarismo en la toma de decisiones, y el reparto de algunas migajas de ese botín entre asociaciones nacionales de fútbol.
Cada vez más han ido desnaturalizado un deporte que nace y se desarrolla en gran parte de abajo, cerca del pueblo y la gente de todas las clases sociales, que se basa en la felicidad que produce en quien lo hace y quien lo aplaude el dribbling, el engaño, la finta, la moña, el caño…y frente a ello no deben prevalecer ciegamente instrumentos a veces legaloides como el VAR, que muchas veces olvidamos -como bien dice el Papa sobre la IA- que no es neutral y puede manejarse con mucha tendenciosidad, como vimos repetidamente en el mundial sobre todo en expulsiones, penales y fueras de juego milimétricos. Y el máximo error de esta privatización, elitización y encarecimiento brutal del fútbol, por ejemplo, lo vimos en las cínicamente llamadas “pausas de hidratación” que no son más que viles espacios de ganancias comerciales, o en los shows artísticos de medio tiempo: una adaptación norteamericana hollywoodesca.
La FIFA en su hipocresía habla de justicia, de legalidad, pero no hace nada y calla la boca cuando no dejó entrar el gobierno de Estados Unidos al árbitro somalí, no dice nada de que el gobierno de Estados Unidos no permitió que la delegación de Irán se alojara allí, y por suerte la presidenta y el gobierno de México le dieron hospedaje en Tijuana. Apoya la Junta de Paz en el genocidio de Gaza como uno de sus miembros; otorga el Premio de la Paz a Trump sin consultar con ninguna federación ni nadie. Estamos entonces frente a un momento verdaderamente crucial no sólo de este gran deporte mundial, donde las federaciones nacionales -igual que gobiernos, empresas, iglesias…en todos los temas de guerras, genocidios e inhumanidades- se quedan calladas y dejan avanzar esta impunidad capitalista voraz de la FIFA. Aunque, al parecer lentamente, algunas federaciones (UEFA y Asia), sí voraces pero no tan cínicas y estúpidas como para “matar a la gallina de los huevos de oro”, han empezado a levantar la voz amenazando con salirse de la FIFA y ojalá no apoyando la reelección de Infantino el año que viene. Al grado que Infantino ha tenido que retirar el proyecto de venta de participaciones a inversionistas privados trumpianos.
Frente a estos silencios cómplices e interesados, algo muy positivo que hubo en el Mundial fue el festejo de Argentina contra Inglaterra, cuando los jugadores sacaron una manta que decía: “Las Malvinas son argentinas”. Otras protestas también de no-cooperación con el gobierno tan violento e impune de Trump, fueron por parte de los jugadores argentinos Lisandro Martínez y Cuti Romero que se negaron a saludarlo. Esto me pareció ejemplar y muestra claramente cómo todo individuo tiene siempre la capacidad de decir “No” a su complicidad con lo inhumano y a desobedecer órdenes deshumanizantes. Por esos mismos días, el estadounidense Mookie Betts, estrella de los Dodgers, tampoco fue a la Casa Blanca al saludo de Trump (“prefiero pasar tiempo con mi familia”). Estas acciones contrastan tristemente con las de Messi, Ronaldo, Suárez…y algunos jugadores españoles que festejaron el título con patéticas gorras rojas trumpistas, que sí saludaron -en plenos bombardeos genocidas impunes- efusivamente a Trump. Todo esto es una forma de demostrar que el deporte y el fútbol no pueden estar ajenos al orden social y a la historia, y la FIFA es el ejemplo perfecto de miserabilidad y ambiguedad.
Hiroshima y Gaza: genocidios
Hablando de genocidios, hoy se conmemoran las dos acciones de mayor intensidad inhumana de la humanidad en un instante: las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos al fin de la segunda guerra mundial sobre las poblaciones civiles indefensas japonesas en Hiroshima (6 agosto) y Nagasaki (9 agosto), con cientos de miles de personas muertas inmediatamente, y luego en los años siguientes. Nunca tan actual como hoy en día el riesgo de la bomba atómica y la bomba nuclear, así como la posibilidad de extinción de nuestra especie, frente a liderazgos políticos de psicópatas malignos e ignorantes que ostentan estas armas.
Respecto al brutal genocidio en curso en Gaza contra la población palestina, nos parece muy importante una entrevista de la relatora de Naciones Unidas para el Genocidio en Gaza (Francesca Albanese en La Jornada, The Nation, 27-28 julio), donde expone claramente el objetivo de la necropolítica en el genocidio de Gaza por la acción de lucrar con los asesinatos, algo no visto antes; el sentido de la ilegalidad sin precedentes históricos que destruye todo el aparato del orden internacional construido por siglos y décadas (se acaba de destituir al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional -Karim Khan- por supuesta conducta sexual inapropiada, quien emitió órdenes de arresto contra Netanyahu ; y que también apunta a cómo de manera invisible se va construyendo el genocidio a partir de deshumanizar la identidad de las víctimas -palestinos-.
Además, señala el punto central que queremos reflexionar: la complicidad de 66 estados del mundo en cuanto a “violar su obligación de prevenir y castigar acciones de genocidio”. Asimismo, en su Segundo Informe sobre este Genocidio de julio del 2025 había demostrado y denunciado cómo “muchas empresas se benefician con la destrucción de la vida palestina…el genocidio es rentable (para el comercio, la industria, las bolsas de valores…)”, mostrando las empresas que se beneficiaron con el genocidio, cientos de ellas transnacionales del mundo, y cómo existe la “economía del genocidio…un negocio muy rentable”.
El término “genocidio” fue acuñado en 1944 por el jurista polaco Raphael Lemkin (genos: origen, raza…; caedere: matar, cortar…), por los crímenes nazis principalmente contra los judíos. El sociólogo argentino Juan Carlos Marín explicaba cómo “El exterminio de poblaciones comenzó a ser cada vez más la lógica natural de los modos de resolución y recuperación de las crisis económicas y sociales desencadenadas por la expansión creciente a escala mundial de las relaciones sociales capitalistas, resueltas (¡?) -todas ellas- desde la perspectiva, hegemonía y dominio impuestos por el uso de la violencia de los sectores propietarios más concentrados y monopolistas del capitalismo…¡Si la sociedad capitalista fracasa en el mantenimiento de la infantilización de la población…ella se autoconvocará sin pudor y sin culpa al gesto y determinación de una cruzada, espada genocida!” (La conciliación de los victimarios: una larga historia a propósito del genocidio, 2001).
¿Qué hacer?
Lo que hay en el fondo de todo este tema es tomar conciencia de que el genocidio -así como otras muchas acciones deshumanizantes- es la “acción de muchos sobre pocos” (Juan C. Marín) y no como ingenuamente leemos en los libros de historia oficiales y en análisis de todo tipo, creer que son unos pocos psicópatas, malignos, desequilibrados, locos, sádicos…quienes construyen acciones de exterminio sobre millones de víctimas. Sin las masas de la sociedad infantilizadas y manipuladas…sin nosotros y nosotras, empezando por la normalización, el silencio, el miedo, la conveniencia, el no querer ver la realidad… y por otras acciones de colaboración directa como estas empresas, estados, gobiernos…serían imposibles los genocidios.
En esta semana hemos visto dos ejemplos transparentes acerca de esta construcción intercalada, según la coyuntura social e histórica, del ciudadano como soldado y viceversa del soldado como ciudadano, que es la base de la obediencia a las órdenes deshumanizantes -en este caso genocidas también-. Primera acción de alta inhumanidad y silencio total cómplice de la población, gobierno y ejército israelíes: soldados israelíes obligan a dos ancianos palestinos prisioneros hambreados al extremo a caminar como “escudos humanos” en medio de túneles donde podrían existir explosivos o minas, y después que sobrevivieron los asesinaron (La Jornada, 9-8-26). Segunda acción: sinagogas de EU, Canadá y Gran Bretaña venden en ferias inmobiliarias tierras palestinas ocupadas (La Jornada, 8-8-26).
Esta larga cadena de victimarios -directos e indirectos- opera desde la construcción de ciudadanos como soldados, a partir de “Órdenes sociales con los cuales se logra una restricción perversa de las individualidades: limitación y subordinación a una obediencia debida, heterónoma, despótica e inhumana” (La conciliación de los victimarios…). Como señalábamos de los jugadores argentinos, el beisbolista Betts…el único modo de enfrentar y detener esta “obediencia debida” es a partir de acciones de la resistencia civil y la noviolencia: “la determinación de la desobediencia debida a toda orden de inhumanidad…así se forja una moral de la autonomía” (Juan C. Marín, Los Hechos Armados. Argentina 1973-1976. La acumulación primitiva del genocidio).
Justamente Francesca Albanese en esta larga entrevista nos desafía a que “hagamos lo correcto”: que tengamos un consumo ético, que no consumamos productos de empresas israelíes-norteamericanas que apoyan el genocidio, que hagamos inversiones éticas, que retiremos ahorros de bancos que invierten en armas…En el caso de redes de académicos o activistas, como nosotros y nosotras, el lema internacional de “No dejemos de hablar de Palestina” nos interpela a que en nuestras clases, cursos, escritos, conferencias…no normalicemos este genocidio y permanentemente construyamos un conocimiento de reflexión y acción que co-opere -mundialmente- para enfrentar toda forma de corrupción, injusticia, impunidad y genocidio.
En el mismo sentido, en estos mismos días en Chiapas, el zapatismo convoca al Encuentro Internacional de Artes, Rebeldías y Resistencias, como una forma de profundizar y organizarse frente a las nuevas formas de guerras, genocidios y resistencias en el mundo. Allí el subcomandante Moisés nos daba otra pista fundamental: “Al sistema capitalista se le debe enfrentar con comunidad”. Y, además, como bien decía el presidente cubano Díaz-Canel: “Cualquier país puede ser Gaza o Cuba si no se planta cara al fascismo” (8-8-26), ante la advertencia de un Comité de Expertos de la ONU: “Hay que actuar con rapidez para evitar que Cuba se convierta en una Gaza silenciosa” (6-8-26).
Pietro Ameglio
Miembro del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), del Colectivo “Pensar en voz alta”, y del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en 2011.