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Alarma contaminación del agua por minería y agroquímicos en Jalapa del Marqués

Jaime Quintana Guerrero

Fotos: Roberto Santomé

Tehuantepec, Oaxaca. El Municipio de Santa María Jalapa del Marqués se encuentra a 30 kilómetros de Tehuantepec, Oaxaca, a pocos kilómetros del océano Pacífico. Es un pueblo que en los años 60 fue desplazado por la construcción de una presa, que obligó a sus habitantes no sólo a cambiar de lugar y edificar sus centros religiosos nuevamente, sino también a pasar de ser campesinos a pescadores y obreros. Ahora se encuentran en medio de megaproyectos regionales, como mineras y monocultivos de melón, que contaminan la presa con residuos tóxicos y agroquímicos.

Roberto Santomé Zárate, originario de Jalapa del Marqués, recuerda que antes la comunidad “se ubicaba al norte de lo que es el actual pueblo, pero allá por los años 50 el gobierno federal decidió la construcción de la presa Presidente Benito Juárez, y fue cuando en 1961 se realizó el éxodo. Ahora es una nueva Jalapa del Marqués donde se encuentra el pueblo y donde actualmente vivimos, porque el otro quedó sepultado en las aguas de la presa y el gobierno tuvo que reponer las casas inundadas”. Sin embargo, Santomé relata que hasta le fecha los servicios de agua potable y electricidad apenas se han regularizado, después de que por años el pueblo “ha demandado sobre estos servicios”.

Roberto Santomé es de esa generación que de niño y adolescente vivió este cambio. Recuerda que “era un pueblo casi sin agua y sin energía eléctrica. Era un pueblo en el que se alumbraba con velas, veladoras y otros utensilios”. Y agrega: “yo estaba este recién nacido. Mi papá y mis padres ya vivían de este lado en un rancho, era dentro del monte, donde actualmente vivimos”.

Hoy en día, Jalapa del Marqués es un pueblo urbanizado, “pero cuando baja el agua las personas regresan a la iglesia inundada, lo que fue la Asunción de María”. Se recuerda también la vida en el pueblo, donde “el maíz era el que predominaba, como la caña y la yuca, pero ahorita es una comunidad de pescadores”, señala.

Primero, recuerda, “se pescaba pero con anzuelo, con atarrayas. Fue en los años 70 cuando en el gobierno de José López Portillo se otorgaron créditos, y sumaron 200 lanchas”. Con estos créditos se creó la cooperativa pesquera, “se aprendió a tejer redes” y se congregaron entre 200 y 300 pescadores cooperativistas. En la presa “nomás existían mojarra amarilla, la lora, la carpa, el bagre, pero la mojarra tilapia no la conocíamos. La inyectaron, y el pueblo la empezó a llamar La Camicha”.

Santomé explica que era un censo aproximado de mil pescadores, al mismo tiempo que estaba la construcción de la refinería “Antonio de Ugalde Jaime” en Salina Cruz. Pasaron de ser campesinos a pescadores y después a obreros, pues con la llegada de la refinería “muchos se fueron, aunque otros se quedaron en la cooperativa, y fueron años de bonanza”.

En ese tiempo la producción de pescado creció y se veía en el peso de la mojarra, que pesaba un kilo. La Cooperativa Pesquera instaló un restaurante, La Mojarra del Marqués, que pertenecía a la organización. “Como había mucha producción diaria, llegaban compradores de diferentes lugares para llevar toneladas de mojarra”, menciona.

Pero todo cambió. La producción bajó y ya no existe la cooperativa ni tampoco el peso de la mojarra.

Cuando llegó la mina

Desde que se instaló y empezó a operar la mina de la empresa Don David Gold en San José de Gracia, explica Santomé, la producción “está muy escasa, bajó mucho la producción”. De la mina, que pertenece a la filial de la estadounidense Gold Resource Corporation (GRC), se extraen zinc, plomo, cobre, plata y oro. En 1999 la empresa comenzó las exploraciones en la zona, perteneciente a San Pedro Totolapan, pero la construcción de las terracerías y perforaciones iniciaron hasta 2005.

Son dos horas de camino de Jalapa de Marqués a la mina. Desde su funcionamiento, la mojarra disminuyó de tamaño. Los pescadores aseguran que esto es resultado del escurrimiento de químicos en el agua, a los que se suman los agrotóxicos utilizados para la producción de melón en las costeras de la presa.

“Nosotros pensamos que el oro no viene solo, viene con otros componentes como el plomo, el zinc, el cobre, el hierro, y además químicos”, señala Santomé. Nosotros, agrega, “estamos preocupados. El Istmo es zona de intereses y en el pueblo estamos preocupados por la contaminación”, concluye el pescador, en medio de múltiples proyectos en el Istmo de Tehuantepec.

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