Número 115    octubre2013
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Cine mixe para escuchar a la tierra

El derrumbe de un cerro fue la ocasión para que un equipo de videoastas mixes amateurs le recuerde a su pueblo y a los externos que hay que atender los llamados de la naturaleza y organizarse.

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México. Ayo’on Xaamkëjxp (No estamos escuchando el grito de la Madre Tierra) es, más que el documental sobre los estragos del derrumbe de un cerro en la comunidad mixe de Tlahuitoltepec, un llamado a escuchar a la naturaleza y un recordatorio de la organización comunal pendiente, definen dos de sus realizadores, Estela González Gutiérrez y Damián Martínez Vázquez.

El equipo que filmó el documental estaba en la ciudad de México cuando, el 28 de septiembre de 2010, el reblandecimiento de un cerro sepultó parte de Santa María Tlahuitoltepec, tomando la vida de siete de sus habitantes y dejando daños en una gran parte de la comunidad. “Nos fuimos de inmediato, vimos cómo los medios se enfocaban sólo en un lugar –cuando la mayor parte del suelo estaba desgajado- y nos metimos a la organización de los campamentos”, recuerda Damián Martínez, quien, al igual que el resto del equipo, es originario de esa comunidad mixe.

En el proceso de reorganización de la comunidad, se encontraron con doña Cirila Martínez, quien les habló de un sueño premonitorio que tuvo y les señaló que el derrumbe tenía su parte espiritual. Los chicos decidieron que tenían que hacer algo, y comenzaron a filmar con una cámara casera con la idea de hacer un documental.

“Queremos sensibilizar a los medios masivos de comunicación, pero también es para la gente de la comunidad que se olvida de la Madre Tierra”, señala estela González. Damián Martínez agrega que otra parte del mensaje es que este tipo de tragedias se pueden evitar si se hacen estudios de suelo y a la vez, se atienden los problemas espirituales del lugar.

El documental retrata cómo aflora la necesidad de auto organizarse frente a las propuestas del gobierno, y el sentimiento comunitario ante la tragedia. “¿Es que no tengo que preocuparme por los otros si mi casa no se derrumbó?”, cuestiona uno de los habitantes.

Cine Club Mixe

Los realizadores, habitantes de Tlahuitoltepec migrados a la ciudad de México, constituyeron en 2009 el Cine Club Mixe, ante la escasez de espacios y producciones de y para los indígenas. Omar Pérez, Teodardo Martínez, Odilón González, Arcenio González, Estela González, Damián Martínez, Godofredo Martínez, Nabor Martínez y Roberta Hernández -de distintas ocupaciones, desde estudiantes universitarios hasta trabajadoras domésticas- comenzaron a exhibir películas y documentales en espacios públicos capitalinos.

Martínez explica que para los indígenas es difícil acceder al cine, tanto por desconocer el funcionamiento de una sala de exhibición como por ser ajenos al lenguaje que se utiliza, además de la discriminación que existe en estos lugares y la escasez de referencias a la realidad de los pueblos.  Por ello, señala, el Cine Club Mixe tuvo una excelente acogida entre los espectadores, “no entre las autoridades, que muchas veces nos apuraban o nos corrían”, complementa Estela González.

En 2010, el Cine Club Mixe exhibió la película Corazón del Tiempo, del director Alberto Cortés, en Tlahuitoltepec. La realización fue bien recibida, y el Cine Club se convirtió en un espacio social, en el que la gente debatía y platicaba, recuerda la estudiante de Educación Indígena, “y se iban felices”. Los habitantes, recuerda Damián Martínez, se preguntaban si alguna vez se podía rodar un documental en su poblado.

El documental y doña Cirila

En Ayo’on Xaamkëjxp se puede escuchar la voz de los realizadores, que a la vez que filmaban, participaban en la reorganización de su pueblo. Doña Cirila, uno de los ejes del documental, relata cómo le habló la Madre Tierra, y se aprecian las imágenes del derrumbe, el recate de los cuerpos y las asambleas de los habitantes, que le reclaman a las autoridades su falta de sensibilidad. Se aprecian las discusiones de los pobladores, las comidas comunitarias y la llegada de apoyo de otros pueblos y organizaciones, como el sindicato magisterial.

El documental, antes de serlo, sirvió como puente entre los habitantes que permanecieron en el centro del pueblo y los que estaban en los campamentos de damnificados. Damián Martínez recuerda que por el día filmaban las reuniones y el estado de la tierra, y por la noche lo proyectaban a la gente refugiada en otras partes.

Las grabaciones se quedaron enlatadas dos años, pues el equipo del Cine Club no contaba con recursos para editarlo. Fue entonces cuando el equipo formado por Alberto Cortés, experimentado cineasta, Marie Alicia González y Abril Schmucler, les ofrecieron su ayuda para la edición. “Nos tuvieron mucha paciencia, nos prestaron toda su isla de edición, y era como ahora o nunca porque luego no sabes si van a poder”, relata Estela. El Cine Club dejó de exhibir y se dedicó por completo a la edición, en la que contaron con música original de una prestigiada banda de viento de su localidad. Lograron terminarlo poco después del tercer aniversario de la tragedia, y lo llevaron a exhibir al pueblo.

“Tuvimos que ponerlo dos veces”, recuerda Martínez. “La primera vez la gente lo vio, y luego se pusieron a discutir las cosas que quedaron pendientes; dijeron que ya se estaban olvidando y que eso no podía pasar”. El debate duró el doble que el documental, y al final, decidieron que debían verla de nuevo en ese mismo instante. Estela González recuerda que se escucharon murmullos y llanto durante la proyección.

La producción no solamente sirvió para recordar el derrumbe y la pérdida de vidas, sino para reflexionar sobre la escasa ayuda gubernamental –que llegó tres años después de la tragedia, previa suspensión porque consideraron que no había sido tan grave el suceso-, “qué estamos haciendo igual que antes porque no aprendemos, y sobre la ambición de las personas”, como las que no fueron damnificadas pero se aprovecharon de los apoyos del gobierno, detalla Martínez.

Los habitantes también quedaron agradecidos por ver el resultado –pues muchas veces señala Martínez, se hacen filmaciones que nunca se exhiben en el lugar. La gente también se asombró del trabajo del equipo del Cine Club, prácticamente sin recursos, y ya se preguntan si se puede filmar una película también. El Consejo de Ancianos dictaminó que necesitan más trabajos de este tipo y buscar la forma de apoyarlos.

En la actualidad, en Tlahuitoltepec mucha gente comenzó a reconstruir en cualquier lugar, pues no se hicieron los estudios de suelo adecuados y el gobierno presiona a las familias para que demuestren que están utilizando los recursos. La tragedia puede suceder de nuevo, advierte Estela González, pero los jóvenes realizadores confían en que el mensaje ayude a la reflexión interna.

El equipo del Cine Club se plantea hacer más trabajos, aunque la principal dificultad es la falta de recursos y que las instituciones los ven, como comunicadores indígenas, como incapaces todavía de hacerlo, denuncia Martínez. Sin embargo, afirma González, lo harán de una forma u otra. “Y es que es muy diferente la mirada que podemos dar nosotros desde dentro, desde nuestra propia perspectiva, a cómo nos ven de afuera”, finaliza Martínez.

Ayo’on Xaamkëjxp estuvo en la Casa del Cine. Se exhibirá en la Universidad Pedagógica Nacional –Unidad Ajusco, en la ciudad de México, durante el mes de febrero. Posteriormente, el equipo se plantea subirla a internet para que pueda circular libremente.

02 de febrero de 2014



1 comentario en “Cine mixe para escuchar a la tierra”

es lamentable lo que sucede en nuestro país donde todos tenemos que hacer lo que nos pertenece si es que estamos dispuestos a entregar en buenas condiciones lo que nos prestaron nuestros hijos

Jose Rocha Granados

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