Número 115    octubre 2013
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“Borrego 2.0”… un chirrido electrónico en la oreja

Ganaderos franceses marchan en contra de la imposición de chips electrónicos sobre sus animales, pues son “verdaderos tatuajes electrónicos, dibujados para permitir la identificación y el seguimiento de objetos o personas a distancia”, advierte el colectivo “Piezas y Manos de Obra”.

Siete Nubes
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Francia. En el sureste de Francia más de cincuenta ganaderos y sus cientos de borregos realizaron la semana pasada una trashumancia de cinco días, con el objetivo de dar conocer y denunciar nuevas medidas administrativas que quieren obligarlos a implantar chips electrónicos sobre cada uno de sus animales y, a partir de 2015, tener que recurrir a machos certificados por los centros de inseminación para hacer reproducir sus animales.

“Como ganaderos, somos sometidos a coacciones cada vez mas fuertes para obligarnos a aceptar las normas de la ganadería industrial. Consideramos que este modo de ganadería es un callejón sin salida, y ya que otras posibilidades existen, rehusamos someternos, y reivindiquemos el derecho de los campesinos a guardar el control de su modos de hacer”, explican en un comunicado de prensa los ganaderos, provenientes de colectivos independientes luchando en contra de esas medidas en diversas regiones de Francia.

Después de los caballos en 2008, la identificación electrónica de los borregos y cabras es ahora obligatoria en Francia desde julio de 2010, a través de un arete en la oreja, dotada de un chip electrónico de tipo “RFID”.  Según el colectivo “Piezas y Manos de Obra”, que se dedica desde 2003 a  la critica del complejo tecno-industrial de la ciudad de Grenoble (sureste de Francia), esos “chips RFID” son “verdaderos tatuajes electrónicos, dibujados para permitir la identificación y el seguimiento de objetos o personas a distancia. Minúsculos, son integrados en materias inertes (papel, vidrio, tela, plástico, etcétera) y trasforman el objeto o la persona así marcado en “objeto comunicante”. Algo que puede así ser localizado y seguido por detectores puestos en el medio ambiente, a fin de permitir optimizar mas la explotación de los flujos y de las existencias, que sea de mercancía, de animales o de humanos.”

Para los ganaderos, la imposición de esos chips corresponde al lobbying de los industriales de nanotecnología que los producen: “no dudamos en que la imposición de esos artilugios electrónicos a toda una profesión abrirá un mercado muy jugoso para la industria de las nanotecnologías, muy bien implementada en Francia”. Y, por cierto, la ciudad de Grenoble, en el sureste de Francia, cuenta con cerca de 4 mil ingenieros especializados en la investigación sobre los “chips electrónicos”, y la planta industrial de STMicroelectronics, principal empresa de esa rama, fue la mayor inversión industrial del país tras la construcción de centrales nucleares (2,8 billones de euros).

Se estima que la producción mundial de “chips”, de 4 billones en 2012, se duplicará en los próximos años, y que sólo en Europa el volumen de negocios llegará a siete billones de euros en 2016, según un reporte de la Comisión Europea. Así que para el colectivo grenoblense “Pièces et main d’oeuvre”, el objetivo actual de la industria electrónica y de los gobiernos occidentales es claro: imponer hoy en día “la implementación de chips electrónicos en cada cosa de la Tierra: objetos de manufactura, edificios, paisajes urbanos, redes, paisajes “naturales”, infraestructuras y seres humanos”. Es el futuro que grandes empresas como IBM, Hewlett Pakard o Thalès llaman “el planeta inteligente”: un proyecto de automatización y de pilotaje computarizado general de la sociedad, del mundo y de todos los elementos que la componen.

Pero la imposición de chips electrónicos sobre todos los animales de crianza es promovida oficialmente bajo otros argumentos: los reglamentos de la Unión Europea incitando a la identificación electrónica de los animales lo justifican con el fin de “mejorar la gestión de las crisis sanitarias” debidas a las enfermedades animales y “la atribución de las ayudas económicas” a los ganaderos. Para el colectivo del departamento del Ariège Faut pas puçer [“no hay ke chipear”] participante en la marcha, “esa maquinaria administrativa nos despoja un poco mas de nuestra libertad de acción y de decisión, despreciando al mismo tiempo la diversidad de nuestros saberes prácticos, nacidos de nuestra experiencia y de nuestras intuiciones… nuestra necesidad de identificar a los animales no tiene nada que ver con la obsesión de trazabilidad relacionada con las prácticas de crianza industriales, principales vectores de las crisis sanitarias.”

En este sentido, los colectivos se oponen también a la futura imposición de criterios de selección genética de los “carneros” por parte de los “técnicos agrícolas”: “Nosotros pensamos que los animales son otra cosa que un objeto industrial permitiendo hacer dinero, y que los ganaderos tienen que guardar la libertad de sus prácticas, para que perdure la noción del vivo  en nuestras relaciones con los animales”, expresan. Para el colectivo y para los ganaderos en resistencia, la perdida de control sobre la reproducción del ganado es similar a la perdida de control de los campesinos sobre la reproducción de las semillas, ya efectiva en Europa a través de la prohibición de las semillas “caseras” y la imposición de semillas “certificadas”: “Todas esas medidas nos reducen a ser meros ejecutantes, económicamente dependientes de las ayudas económicas que nos atribuyen, poniéndonos así en posición de sometimiento”, explican en un folleto. “Hicieron de nuestros animales, de nosotros y de nuestros niños herramientas funcionales al servicio de un sistema económico basado sobre el rendimiento técnico y sobre la competencia”, aclara el colectivo, que lucha también contra la constitución de archivos informáticos centralizados de vigilancia escolar.

Para los caminantes, “la trashumancia que estamos organizando tiene como objetivo dar a conocer de la manera la mas amplia posible nuestra situación y nuestras posiciones. Queremos que la población sea consciente de lo que significaría la desaparición total de la ganadería no-industrial para el medio ambiente, para el bienestar de los animales, y para la salud de los hombres y de las mujeres”. Cada noche en los pueblos donde fueron hospedados, organizaron así debates, y proyectaron un documental cuyo titulo resume bien el cambio de civilización que nos amenaza: “Borrego 2.0”… un chirrido electrónico en la oreja.

Publicado el 04 de febrero de 2013



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