Número 115    octubre 2013
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Soberanía alimentaria, salida para una nueva política

Con ponencias de Gustavo Esteva y Silvia Ribeiro, el tercer día del seminario del CIDECI trajo una discusión sobre el peligro de las semillas transgénicas para la soberanía alimentaria, y la autonomía como una forma de resistencia al capitalismo de Estado.

Frederico Ravioli y Leonardo Cordeiro
Traducción: Brisa Araujo
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San Cristóbal de las Casas, Chiapas. En este primero de enero de 2013 cumple 19 años el alzamiento del EZLN en Chiapas y, con esta memoria, se llevó a cabo la quinta mesa del seminario “Planeta Tierra: Movimientos Antisistémicos” en el CIDECI-Unitierra. Bajo la mediación de Rocío Noemí Martínez y con traducción para el tzotzil y el tzeltal, Gustavo Esteva y Silvia Ribeiro dieron ponencias sobre distintos aspectos de la actual coyuntura mexicana e iniciativas autónomas de lucha.

En defensa de los pueblos de maíz

Ribeiro alertó sobre la inminente amenaza del maíz transgénico contra los pueblos de todo el país. Ella es integrante de la Red en Defensa del Maíz, que está compuesta por una diversidad de comunidades indígenas y organizaciones de la sociedad civil. En su ponencia, denunció el megaproyecto de la transnacional Monsanto para el inicio del cultivo de una variedad transgénica de maíz en una inmensa área del norte de México. La contaminación genética de las plantas originarias por las especies producidas en laboratorios ya existe, y aumentaría mucho con la implementación del mencionado proyecto, que cuenta con la connivencia del gobierno.

Según la investigadora, se trata de un ataque concreto y simbólico a México, el “corazón genético del maíz” en el mundo. La contaminación actúa en favor del interés por el monopolio de la propia vida, manifestado por las transnacionales propietarias de las patentes de variedades transgénicas. Los campesinos son prácticamente forzados a comprar semillas de las mismas empresas o a pagar multas por utilizar plantas que contienen el DNA patentado – aunque eso sea por la contaminación involuntaria.

Más que el comercio y las multas, Silvia afirma, “el maíz no es una cosa, es una trama de relaciones”, en las cuales estamos siempre envueltos. El maíz es parte esencial de la subsistencia, de la vida de miles de comunidades, es el corazón de su tiempo, de su calendario. “La defensa del maíz”, dijo, “es la defensa de los pueblos de maíz”.

La ofensiva del capital transnacional, aliada al Estado, debilita con el uso de los transgénicos la capacidad de subsistencia autónoma y de soberanía alimentaria de las comunidades indígenas y afecta directamente su autonomía, su poder de oponerse a los desmandes y despojos impuestos por el gobierno.

Autonomía y resistencia

Esteva empezó su ponencia con un resumen de la situación política mexicana. Según él, vivimos tiempos de indignación por todas las partes del país, lo que genera también la reflexión: hay que preguntarnos de dónde viene esta “digna rabia” y, así, “conocernos y reconocernos”. Apuntó, en seguida, el engaño del paradigma neoliberal y la ascensión de lo que se puede llamar capitalismo de Estado.

Empero, la esperanza todavía existe y, según Esteva, no está en políticas públicas u otros agentes ajenos a nosotros mismos. La esperanza reside en nuestras mismas acciones, capaces de suprimir la necesidad del aparato estatal y de las relaciones capitalistas que se sirven de él. Necesitamos, dice el ponente, pasar de los substantivos – externos y fijos – a los verbos, de los cuales somos sujetos. Es necesario pasar, por ejemplo, de la esperanza abstracta e ilusoria en la Educación, al estudiar y aprender por nosotros mismos.

Esteva volvió a la participación de Silvia Ribeiro cuando usó el ejemplo de la importancia de la autonomía alimentaria, tanto en el campo cuanto en la mesa. Es necesario organizar recurrentemente iniciativas autónomas en cada esfera de la vida cotidiana para que se pueda constituir, aquí y ahora, otro mundo posible, la otra sociedad que queremos. La reflexión es importante para localizar las experiencias existentes y profundizarlas; para saber, dice el investigador, “si los tomates que comemos son de hecho revolucionarios o no”.

El zapatismo es quizás la mayor y más concreta experiencia de lucha y resistencia autónoma, que revela otra forma de hacer política. Una vida y política que ya existen – un mundo que ya nació, pero que a veces pasa desapercibido. Necesitamos solamente “destapar las orejas para escucharlo, abrir los ojos para verlo”.

Publicado el 1 de enero de 2013



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