Número 115    octubre2013
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“Sin participación directa del movimiento social y popular, no se construirá la paz en Colombia”

La paz no significa entrega o cese de hostilidades, sino superación de todas esas problemáticas sociales, entre las que se encuentra la exigencia de plenas garantías para el ejercicio de la participación política.

Miriela Fernández
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La Habana, Cuba. “Mientras se definen los tiempos y mecanismos para la participación de la sociedad colombiana en los diálogos de paz, nosotros hemos tomado la iniciativa con la Ruta social común para la paz, un esfuerzo unitario de movimientos sociales y populares de Colombia. De esa forma, se está llamando al pueblo a que mandate desde sus propuestas la solución política al conflicto social y armado que vivimos”. Francisco Toloza, integrante de Marcha Patriótica, la organización, que reúne a más de 2 mil movimientos, dejó clara su posición con respecto al proceso de paz. Durante un intercambio en el Centro Martin Luther King de La Habana, dijo que sólo la participación sin intermediación de los sectores populares logrará una paz con justicia social para Colombia.

“Si bien reconocemos la importancia de los diálogos de paz, en la Mesa hay solo una parte, faltan otras expresiones del movimiento social y popular colombiano”, ahondó Carlos Arturo García, también miembro de Marcha. “Para nosotros es imprescindible la participación decidida del pueblo en la búsqueda de una salida al conflicto que es social, económico, político y armado, y eso significa resolver las causas que le dieron origen a partir de la construcción popular”.

El tema de la participación de la sociedad colombiana ha tomado fuerza en estos diálogos de paz. Los más recientes comunicados emitidos por las FARC-EP resaltan al pueblo como protagonista de la discusión y las determinaciones sobre el acuerdo general.

“Es imprescindible tener en cuenta las voces del movimiento indígena, de los campesinos, afrodescendientes, mujeres, trabajadores y estudiantes que han padecido las consecuencias del conflicto”, dijo García. “En otras ocasiones se han realizado acuerdos, pero no se ha avanzado en una solución política. Marcha considera que hay que escuchar al pueblo. Los instrumentos dispuestos por el gobierno, el Congreso e incluso partidos de izquierda no son suficientes.”

El proceso de movilización para una salida política a la guerra no es nuevo en Colombia. Pueden mencionarse el Encuentro de Barrancabermeja de agosto del 2011, convocado por la Asociación Campesina del Valle del Cimitarra (ACVC), adonde llegaron también sectores eclesiásticos y organizaciones que actúan en las comunidades, y el primer seminario por la construcción de una Ruta Social Común para la Paz, en agosto de este año, que abre el proceso hacia un evento mayor, en preparación, por una paz estable y duradera.

Estos intercambios nacidos en las diferentes regiones son muestra del ascenso de la lucha social en el país, enfatizaron los miembros de la organización. Precisamente Marcha emergió de esa resistencia y de la necesidad de crear espacios de convergencia. Hoy, junto al Congreso de los Pueblos, es una de las amplias plataformas sociales de la nación. Las acciones por el Bicentenario en julio del 2011, que se perpetúan en los muros de Bogotá y otras ciudades; la presentación el pasado abril en las calles de este movimiento político, al que se integran personalidades como Piedad Córdoba, y la reciente jornada por la dignidad en la que confluyeron las dos articulaciones marcan la dinámica renacentista de los sectores populares de Colombia.

Como movimiento social y popular, expresó García, miembro también del Partido Comunista, nos planteamos que ante la compleja situación de desigualdad, de violación de derechos humanos, de entrega del territorio a las transnacionales, por ejemplo, a las mineras, durante los ocho años de Álvaro Uribe en la Casa de Nariño y dos de Juan Manuel Santos, de desplazamiento forzado, de bombardeos permanentes, de control de los alimentos y medicamentos en las comunidades rurales por los retenes militares, la búsqueda de la paz no puede quedar circunscrita a la lógica perversa del gobierno. La paz no significa entrega o cese de hostilidades, sino superación de todas esas problemáticas sociales, entre las que se encuentra la exigencia de plenas garantías para el ejercicio de la participación política.

En su intervención, argumentó que Marcha ha sido estigmatizada como continuadora de Unión Patriótica y sus dirigentes y militantes han recibido constantes amenazas. Por eso, un punto clave para la organización es la reivindicación de los derechos democráticos que sienten mutilados en Colombia.

“Estamos decididos a actuar”, dijo con energía, al tiempo que el resto de los integrantes de la delegación hacían gestos de apoyo a sus palabras. “Como han anunciado los comandantes (Iván) Márquez y Timoleón (Jiménez), la única posibilidad cierta de avanzar en un proceso de paz en Colombia es a partir de la participación directa del movimiento social y popular. Marcha tiene el compromiso de contribuir con espacios de articulación en las regiones y con la visibilidad e incidencia de las propuestas que deben fortalecer esos seis puntos del acuerdo.” También se resaltó que defienden una constituyente popular para “construir país” desde abajo.

En otro momento, Toloza señaló que “el problema de Colombia, al ser regional, debe incluir en ese marco estratégico de participación al conjunto de actores internacionales como la CELAC, UNASUR y el ALBA. Asimismo convocamos a otras organizaciones sociales y articulaciones continentales de los movimientos a expresar su solidaridad.”

 Publicado el 24 de diciembre de 2012



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