4 de agosto de 2014
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La huelga de los Conventillos, memoria obrera de abajo

Un grupo de historiadores argentinos rescata la historia de su barrio para desmontar una historia oficial que “enmascara el pasado, disciplina el presente y nos enseña a resignarnos en nuestro futuro colectivo”.

Eliana Costa, Gabriel Calvo, Pablo Sizman, Sergio Sizman y Gabriel Serulnicoff
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Buenos Aires, Argentina. Olvidado por los historiadores oficiales, el pasado de lucha obrera del barrio de Nueva Pompeya sale a la luz gracias a un grupo de profesores de historia que bordó pacientemente una obra con la memoria de los pompeyanos.

Este grupo se juntó para darle vida al pasado y la lucha de los trabajadores de su barrio, y rescatarlos del olvido. Les dejan a los vecinos de Pompeya -y a cualquiera que quiera entrar y conocerla- una parte de su historia, hechos que forjaron el ánimo del barrio que hoy se alza con un pasado de dignidades que no van a dejar caer en el olvido.

El trabajo se centra en la problemática de la fábrica Gratry, en Nueva Pompeya. Alrededor de 1936, después de la gran debacle, las fábricas de los lugares más vulnerables de Argentina sienten las repercusiones de esta dura época; entre ellas está Gratry, que será el ejemplo clave de una cadena de conflictos y que destaca las particularidades de lucha y solidaridad de la gente y organizaciones del barrio. Marca un espíritu que crecerá en la conciencia y el alma de lucha del barrio. Nueva Pompeya se abre y su historia queda signada por luchas y resistencias de un pueblo que no se vendó los ojos, sino que luchó contra la explotación.

La historia de la huelga

El lunes 20 de abril de 1936, los 800 obreros del establecimiento textil Gratry, de Nueva Pompeya, iniciaron una huelga en reclamo de un aumento salarial y de la reincorporación de sus compañeros recientemente despedidos por una patronal que, en plena expansión de sus negocios, aducía una merma de la productividad para poner un velo a sus dos principales intenciones: disciplinar el descontento de sus trabajadores e introducir en sus talleres un mayor número de maquinarias que reemplazaran el trabajo humano.

La tenaz negativa empresarial de satisfacer la solicitud de sus trabajadores generó que la huelga se extendiera por cuatro meses. En ese tiempo, los obreros recibieron la solidaridad de organizaciones gremiales y políticas y, en especial, de los vecinos y comerciantes de Parque Patricios, Villa Soldati y Nueva Pompeya, cuyas calles se transformaron en un verdadero campo de batalla ante la represión desatada por el gobierno nacional.

El presidente Agustín P. Justo dispuso el aparato represivo del Estado para doblegar la voluntad de los huelguistas, incluyendo a los temidos cosacos, los torturadores de la Sección Especial para el Orden Social, matones y rompehuelgas reclutados en el hampa porteña, además de la inestimable colaboración de la Liga Patriótica Argentina. Gratry fue un fiel reflejo del capitalismo de su época: una multinacional textil íntimamente ligada al imperialismo y al nazi-fascismo por cuyos intereses velaron nuestros gobiernos nacionales, y que basó sus tasas de rentabilidad en la explotación de sus trabajadores, obreras en su gran mayoría, con un férreo mecanismo de control social.

Dentro de sus predios se construían viviendas de condiciones muy precarias para ser habitadas por los obreros y sus familias. Éstos “satisfacían” una de sus preocupaciones centrales bajo un estricto control de su movilidad y la amenaza extorsiva de desalojo si no atemperaban sus reclamos por mejores condiciones laborales, tal como ocurrió en la huelga de 1936 en el establecimiento de Pompeya.

Desde la Unión Obrera Textil, los socialistas condujeron el conflicto. Sin embargo, las connotaciones de acción directa que adquirió la lucha permiten admitir una importante presencia anarquista; la misma Federación Obrera Regional Argentina (FORA) impulsó algunos de los pliegos y condiciones presentados a la empresa.

Silenciada por la prensa burguesa, ocultada por la historia oficial e ignorada incluso por muchos historiadores que abordaron el movimiento obrero previo al peronismo, este episodio pervive en la memoria colectiva de nuestra barriada como “La Huelga de los Conventillos”. Fue allí, en esas viviendas colindantes a los talleres en los que se mantenía detenida la producción, donde se constituyó el centro de resistencia de los huelguistas y hacia donde apuntaron los fusiles de la represión y el castigo de los patrones.

La historia olvidada por los historiadores

La Huelga de los Conventillos es una historia olvidada por los historiadores en el marco de las luchas por las conquistas obreras anteriores al gobierno de Perón. Aunque se quiera ocultar, siempre queda en la memoria de los habitantes de Pompeya el recuerdo de esta huelga. Hoy, los chicos de este grupo sacan a la luz, entretejen, escriben y rearman la historia desde el recuerdo y el consciente colectivo, hasta construir este relato, convidarnos con él y sobre todo, sacarlo y sacarnos del olvido.

Así, la historia de los trabajadores de Pompeya queda grabada en el dedicado y delicado trabajo de recopilación “La Huelga de los Conventillos”, en el corazón del pueblo de Pompeya y en nosotros, los que entramos para conocerla. Ésta es una de las huelgas que se enfrentan al avance de los procesos de desarrollo capitalista, donde el hombre vale menos que la máquina que lo reemplaza, en una lucha entre una suerte de Mefisto con caras y nombres, y Filemones y Baucis con convicciones enormes, dispuestos a defender y defenderse.

Es también la historia escrita por los vecinos y todos los que se unieron para hacer posible le huelga. Es la historia de los de abajo, los que siempre escriben lo realmente más importante en cambios. Pero el reclamo de esta gente que vivía ya en condiciones difíciles es un reclamo más profundo, es un reclamo por la dignidad humana y si sabemos escucharlo, son las voces que nos llegan.

Insistimos en rescatar la importancia de la memoria. Este trabajo tiene ese objetivo y lo lleva adelante; el barrio de Pompeya mira en un espejo su propia historia y puede reconocerse, saber que tiene pasado e identidad y que no camina solo.

Entender lo sucedido en Gratry es comprender mejor el funcionamiento del sistema capitalista, y comprender el capitalismo es entender mejor nuestra realidad, la del mundo globalizado y la de nuestro arrabal, para que hoy y mañana hagamos una historia de dignidad y de lucha incesante, como lo supieron entretejer las trabajadoras de Gratry, por un mundo mejor, por una sociedad sin explotados ni explotadores.



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