Las millas de pantano y las islas de barrera que estaban entre sus casas y el Golfo solían amortiguar los huracanes, y ahora la región entera es mucho mas vulnerable. Brenda Billiot, otra residente local, hace gestos en su jardín, sobre una docena de yardas de pasto que se pierden dentro de los humerales y el agua. “Esto solía ser tierra, tan lejos como puede verse.” Billiot esta aún reparando su casa de las inundaciones del 2005, incluyendo un levantamiento de la misma de casi 6 metros desde el suelo.
Un conejo café salta a través de su jardín, y Billiot describe los delfines y otros cetáceos que ha visto nadar cerca. Caminado a los largo de su pequeña bahía del lago, ahí donde generaciones de gente ha vivido de la tierra y luchado para proteger su territorio del robo corporativo, se empieza a sentir la gravedad de lo que será la pérdida.
Theresa cree que el gobierno y las compañías petroleras están buscando una excusa para desplazar permanentemente a su tribu. Ella cree que ese es el desastre más grande, y que la temporada de huracanes que viene, podría significar el fin de su lenguaje y cultura. “Le digo a la gente: si nos llega otro huracán, tomen todo lo que deseen, porque no creo que ellos les permitan regresar de nuevo,” dice Dardar. “Es temible porque no se a donde vamos a ir.”
Publicado el 01 de Julio de 2010

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