La grande dificultad en este sentido es como no tener una perspectiva de pureza en este proceso; me parece que hay la tendencia a dos posiciones antitéticas: o defendemos a la conquista del poder estatal; o criticamos estos poderes porque no serían el punto de llegada de los movimientos. Creo que es necesario tener una visión transversal, pues hay que aprovechar el entorno quizás favorable, pero siendo duros, críticos, con estos gobiernos.
En este sentido, los movimientos en América Latina son muchos más avanzados que en Estados Unidos, pues aquí también hay un gobierno que se ha conquistado gracias a los movimientos sociales. Hoy pero hay dos posiciones tanto en la izquierda como en los movimientos: por un lado quienes dicen que hay que apoyar a Obama, es uno de nosotros, nos representa; por el otro, hay quienes dicen que es otro Bush. Yo creo que no es ni una ni la otra. Creo que hay que aprovechar las posibilidades que se abren con este gobierno pero sin tenerle mucho respeto. Esto es lo que los movimientos no han logrado hacer en este año en Estados Unidos. Así las cosas, la victoria de Obama ha sido la de destruir a los movimientos, hacerlos desaparecer. Actualmente hay una especie de desorientación conceptual. Durante la época de Bush conceptualmente era más sencillo: él era el enemigo y todos sabíamos porque. Hoy, pero, eso es más difícil. Tenemos que encontrar una manera de ser antagonistas con este gobierno (Obama), cosa que aún no hemos resuelto. En Latinoamérica los movimientos están más desarrollados en este sentido y en Estados Unidos,como suele suceder, estamos muchos más atrás.


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